-¿Qué te parece este?
Marion aparece con un vestido corto de gasa naranja con una enorme flor en el pecho. Yo niego rápidamente con la cabeza. Pone cara de disgusto en el espejo antes de volverse a meter en el probador para cambiarse.
-¿ Y este?- dice diez minutos después. Lleva un vestido marrón lleno de volantes con el borde amarillo. Vuelvo a negar con la cabeza. Es la tercera tienda en la que entramos y ninguna de las dos tiene todavía vestido.
Aparece de nuevo con un vestido rojo corto que la sienta verdaderamente bien. La resalta los ojos azules, haciendo que parezca una modelo.
Sonrío y ella se da por satisfecha.
-Lo sé, este es el perfecto.
Da un par de vueltas en el espejo y decide comprarse el vestido y unos tacones negros que hay en el escaparate.
-Ahora solo falta tu vestido-concluye Marion. Me agarra de la mano y me lleva directa a una tienda llena de elegantes vestidos. Selecciona por mí cuatro modelos y me empuja al probador. El primero es un vestido verde con demasiados volantes, que hace que parezca un hada. Marion se entusiasma con él, pero yo lo desecho de inmediato. El siguiente es un vestido rosa palo por la rodilla que hace que parezca una embarazada y que no nos convence a ninguna de las dos. Pero el tercero es increíble. Es un vestido negro con la mitad de la espalda al descubierto y dos grandes recortes en los costados un poco más abajo de la cintura. Es largo, con una abertura en un lateral que alcanza casi la cadera. Dos hilos atan el vestido a mi cuello, haciendo mis hombros delicados y esbeltos.
Marion contiene una exclamación y me mira una y otra vez de arriba a abajo con los ojos abiertos de par en par.
-Cómpralo-me ordena.
Yo hago lo que me dice sin planteármelo ni un instante.
Y con ese vestido llego el viernes, acompañada por mi tía, a casa de Jared. Es una tarde lluviosa, los últimos rayos de sol iluminan la ciudad entre las nubes con una luz mortecina. La limusina se para frente al mismo rascacielos en el que estuve hace tan sólo una semana.
El chfer nos coloca un paraguas negro sobre nuestras cabezas cuando salimos del coche y nos acompañan hasta la entrada del edificio. Entramos en el ascensor y subimos a la trigésima planta. La puerta de ébano ahora está abierta, dejando ver a un grupo de gente en el recibidor. El mayordomo nos espera en la puerta para recoger nuestros abrigos.
Diviso el salón lleno de gente más allá del recibidor y me dirijo a él. Al fondo de él, de pie, están Jared y Marion hablando entre ellos. Cuando entro los dos se giran hacia mí, con mudas expresiones de asombro y admiración. Jared me recorre con la mirada de pies a cabeza con lentitud y Marion me sonríe cogida de su brazo, con satisfacción de su obra.
Un cosquilleo se asienta en mi estómago un instante, advirtiéndome de que jamás olvidaré esta noche.
jueves, 26 de enero de 2012
Capítulo 10.
La semana transcurre sin apenas novedades. Coincido todos los días en alguna clase con Jared, pero solo estamos los tres juntos en dos de ellas. No sé si considerarlo una suerte o una desgracia. No vuelvo a hablar con él hasta el jueves, en clase de Francés, cuando me dice:
-¿Qué haces mañana?
-Nada-digo muy a mi pesar. Me encantaría decirle que he quedado con alguien, o que tengo un plan interesantísimo, pero sería mentir.
-Perfecto-sonríe.- Mi madre organiza una cena y tu tía Mellyn y tú estáis invitadas.
Después de eso nos quedamos callados. Ninguno sabe realmente qué decir después de todo. Quizá esté jugando conmigo como hace con todas pero, ¿por qué? ¿De verdad tengo que creerme que tenga mala reputación? A lo mejor debería esperar a verlo con mis propios ojos.
La profesora sigue escribiendo en la pizarra un montón de frases en francés, que yo copio con esmerada letra en el cuaderno. Él no mueve un dedo, pero cuando la profesora le pregunta algo en francés él contesta con un impecable y sexy acento. Pasa un buen rato hasta que por fin me decido a hablarle.
-Jared...-le llamo. Él se gira hacia mí con curiosidad y me doy cuenta de que es la primera vez que pronuncio su nombre en voz alta. Un escalofrío me recorre, haciendo sonar su nombre incluso más excitante. Entonces caigo en que él sigue mirándome a la espera de que diga algo y yo solo estoy mirándole a esos dos lagos de su cara como una tonta. Sacudo levemente la cabeza para concentrarme y le pregunto:- ¿A qué te referías el otro día?-Pestañea esperando a que me explique.-Me aseguraste que solo eran rumores, pero luego me dijiste que tenían su fundamento.
Un asomo de sonrisa aparece en sus labios. Juguetea un rato con el boli antes de contestarme. Se gira hacia mí en la silla y se inclina. Yo agacho levemente la cabeza, hasta que nuestras caras están a tan solo quince centímetros de diferencia. Aún así me sigue pareciendo mucho y me invade la tentación de acabar con esa maldita distancia que nos separa. Por suerte me controlo, aunque a duras penas.
-Dijiste que yo era un jugador, y eso no lo puedo negar. No me gustan las relaciones, o quizá es sólo que normalmente no me gusta la chica con la que comparto la relación-me confiesa.
-¿Te refieres a que Marion no te gusta?-le pregunto confusa.
-No, no es eso.-Abre la boca para continuar con la explicación, pero el timbre suena y todo el mundo se levanta, haciendo ruido. Cierra la boca y me mira una última vez antes de agarrar sus cosas y salir por la puerta.
Suspiro con cansancio. Cada vez que intento saber más sobre él acabo más confundida. Este chico es una contradicción en sí mismo y mi vida no necesita complicaciones. Debo olvidarme de él y centrarme en los estudios, en mi futuro o en cualquier otra cosa.
Salgo de la clase y voy a mi taquilla. Estoy yendo hacia ella cuando un entretenido espectáculo aparece ante mis ojos: Jared tiene a Marion contra las taquillas y la besa como si le fuese la vida en ello. Marion le abraza como si fuese un oasis en medio del desierto, con alegría y esperanza.
Yo abro mi taquilla sin tener ni un mínimo de cuidado por no interrumpirles, tirando todos los libros dentro sin cuidado. Quizá con un poco de amargura puesta en mis acciones, sabiendo lo inalcanzable que es Jared y lo ilusa que he sido.
Cierro la puerta de un golpe, provocando que se separen y se giren hacia mí.
-¡Ivy!-dice Marion con alegría. Parece de muy buen humor a pesar de mi interrupción.-¿Qué tal te ha ido el día?
Sigue agarrada a Jared, que me mira con curiosidad y un rastro de burla, pegado también todavía a ella. Parece que me reta a que le diga algo. Yo le miro a los ojos y soy incapaz de sostenerle la mirada.
-Bien, no ha estado mal-contesto, fingiendo una media sonrisa, sin ganas de sonreir de verdad.
Marion se separa de Jared, que se apoya con despreocupación en la taquilla de Marion, mirándome divertido y sin disimulo.
-¿Tienes algo que hacer esta tarde? Había pensado irme a comprar un vestido para la cena de mañana de Jared, ¿por qué no me acompañas?
-Claro-digo sin pensar.
-¡Estupendo! Pasaré a recogerte a las cinco. Vamos, cariño.
Jared me lanza una última mirada al pasar por mi lado. Pasa cerca, tan cerca que puedo olerle y sentir que me mareo de gusto. ¿Qué me pasa?
-¿Qué haces mañana?
-Nada-digo muy a mi pesar. Me encantaría decirle que he quedado con alguien, o que tengo un plan interesantísimo, pero sería mentir.
-Perfecto-sonríe.- Mi madre organiza una cena y tu tía Mellyn y tú estáis invitadas.
Después de eso nos quedamos callados. Ninguno sabe realmente qué decir después de todo. Quizá esté jugando conmigo como hace con todas pero, ¿por qué? ¿De verdad tengo que creerme que tenga mala reputación? A lo mejor debería esperar a verlo con mis propios ojos.
La profesora sigue escribiendo en la pizarra un montón de frases en francés, que yo copio con esmerada letra en el cuaderno. Él no mueve un dedo, pero cuando la profesora le pregunta algo en francés él contesta con un impecable y sexy acento. Pasa un buen rato hasta que por fin me decido a hablarle.
-Jared...-le llamo. Él se gira hacia mí con curiosidad y me doy cuenta de que es la primera vez que pronuncio su nombre en voz alta. Un escalofrío me recorre, haciendo sonar su nombre incluso más excitante. Entonces caigo en que él sigue mirándome a la espera de que diga algo y yo solo estoy mirándole a esos dos lagos de su cara como una tonta. Sacudo levemente la cabeza para concentrarme y le pregunto:- ¿A qué te referías el otro día?-Pestañea esperando a que me explique.-Me aseguraste que solo eran rumores, pero luego me dijiste que tenían su fundamento.
Un asomo de sonrisa aparece en sus labios. Juguetea un rato con el boli antes de contestarme. Se gira hacia mí en la silla y se inclina. Yo agacho levemente la cabeza, hasta que nuestras caras están a tan solo quince centímetros de diferencia. Aún así me sigue pareciendo mucho y me invade la tentación de acabar con esa maldita distancia que nos separa. Por suerte me controlo, aunque a duras penas.
-Dijiste que yo era un jugador, y eso no lo puedo negar. No me gustan las relaciones, o quizá es sólo que normalmente no me gusta la chica con la que comparto la relación-me confiesa.
-¿Te refieres a que Marion no te gusta?-le pregunto confusa.
-No, no es eso.-Abre la boca para continuar con la explicación, pero el timbre suena y todo el mundo se levanta, haciendo ruido. Cierra la boca y me mira una última vez antes de agarrar sus cosas y salir por la puerta.
Suspiro con cansancio. Cada vez que intento saber más sobre él acabo más confundida. Este chico es una contradicción en sí mismo y mi vida no necesita complicaciones. Debo olvidarme de él y centrarme en los estudios, en mi futuro o en cualquier otra cosa.
Salgo de la clase y voy a mi taquilla. Estoy yendo hacia ella cuando un entretenido espectáculo aparece ante mis ojos: Jared tiene a Marion contra las taquillas y la besa como si le fuese la vida en ello. Marion le abraza como si fuese un oasis en medio del desierto, con alegría y esperanza.
Yo abro mi taquilla sin tener ni un mínimo de cuidado por no interrumpirles, tirando todos los libros dentro sin cuidado. Quizá con un poco de amargura puesta en mis acciones, sabiendo lo inalcanzable que es Jared y lo ilusa que he sido.
Cierro la puerta de un golpe, provocando que se separen y se giren hacia mí.
-¡Ivy!-dice Marion con alegría. Parece de muy buen humor a pesar de mi interrupción.-¿Qué tal te ha ido el día?
Sigue agarrada a Jared, que me mira con curiosidad y un rastro de burla, pegado también todavía a ella. Parece que me reta a que le diga algo. Yo le miro a los ojos y soy incapaz de sostenerle la mirada.
-Bien, no ha estado mal-contesto, fingiendo una media sonrisa, sin ganas de sonreir de verdad.
Marion se separa de Jared, que se apoya con despreocupación en la taquilla de Marion, mirándome divertido y sin disimulo.
-¿Tienes algo que hacer esta tarde? Había pensado irme a comprar un vestido para la cena de mañana de Jared, ¿por qué no me acompañas?
-Claro-digo sin pensar.
-¡Estupendo! Pasaré a recogerte a las cinco. Vamos, cariño.
Jared me lanza una última mirada al pasar por mi lado. Pasa cerca, tan cerca que puedo olerle y sentir que me mareo de gusto. ¿Qué me pasa?
Capítulo 9.
-¿Cómo estás?-le pregunto a Marion cuando abre la taquilla contigua a la mía. Ya es lunes y toca volver al Instituto después del interminable fin de semana que he pasado, preguntándome qué habría sucedido.
-Umm...-asiente con un murmuro. Lleva unas gafas de sol Ray-Ban negras que la deben haber costado más de cien dólares. Cierra la taquilla y me mira:-¿Cómo estás tú?
Echa a andar por el pasillo y me coloco a su lado, encogiéndome de hombros.
-Bien.
-Jared me contó que le ayudaste a llevarme a su casa. Gracias.
Me sonríe dejando ver unos dientes blancos y perfectamente colocados. Yo hago un gesto con la mano, queriendo decir que no las merece. Soy incapaz de mirarla a los ojos, pensando en lo mala persona que he sido al desear a su novio. Es obvio que no solo no han cortado, sino que han superado la crisis sin ningún problema.
Voy mirando al suelo con los remordimientos devorando mi conciencia, cuando oigo una voz que me resulta terriblemente conocida. Alzo la cabeza intuyendo quién es el dueño de ese timbre, temiendo y deseando a la vez no estar equivocada.
-Hola-contesta Marion a Jared con una sonrisa, dándole un abrazo. Jared me mira a los ojos por encima del hombro de su novia y yo aparto la vista.-¿Qué tienes ahora?
-Matemáticas-dice mirando su horario.
Yo abro mucho los ojos, temiendo lo que ocurre. Marion pone en palabras mi temor diciendo:
-¡Vaya, igual que nosotras!
-¿Ah, sí?-dice Jared alzando una ceja y mirándome insinuando algo. Noto como los colores suben a mi cara y maldigo mi suerte.
Nos volvemos a poner en camino hasta llegar a clase. Me dirijo a la última fila y elijo un pupitre. Marion y Jared vienen justo detrás de mí, para sentarse él a mi derecha con ella colocada al mismo lado. Yo inmediatamente me tenso en mi asiento ante la mirada socarrona que me dirije sin el menor disimulo.
Por suerte, la profesora llega en ese momento, cortándole el paso a un silencio incómodo. Coge una tiza y se pone a escribir interminables problemas en la pizarra. Lo apunto todo en mi cuaderno sin entender nada. No hablo en ningún momento con nadie, por miedo a iniciar una conversación con Jared.
-Veo que ya te han advertido sobre mí-me susurra Jared hacia el final de la clase. Está recostado en su silla en actitud relajada sin escribir nada, como si esa clase no fuese para él.
Yo paro de escribir, abstraída totalmente por él. Sin embargo, permanezco callada.
-Tengo curiosidad-dice mirando hacia el frente, con un rastro de burla en los ojos.- ¿Qué te han dicho?-Yo sigo sin contestar.- Déjame que lo adivine... ¿que frecuento clubs de alterne?¿Que soy un corredor de apuestas?¿Que estoy en libertad condicional?
-Nada de eso-digo de repente. Parece que se ríe, que más que pesarle los tontos rumores le divierten.
-Entonces, ¿qué?
-Eres un jugador-digo solamente.
-Vaya, creo que es lo más bonito que me han dicho nunca...-ironiza.
-¿No te importa?
Mira al frente con una sonrisa y se encoge de hombros. Juega con el lápiz pasándoselo distraídamente entre los dedos con maestría.
-El año pasado organicé un concurso para ver qué rumor sobre mí ganaba el premio al más ingenioso-dice divertido.-Ganó uno que contaba que yo dirigía un club privado de alterne en Washington solo para hombres políticos.
Admiro el valor que tiene para tomarse esas mentiras como una broma.
-Este colegio es la mayor fuente de rumores de todo el país. Ten cuidado con lo que hablas y con quien lo hablas, o podrías acabar con una reputación parecida a la mía.
El timbre suena y nos saca de nuestro mundo privado. Pestañeo y guardo mis cosas, cuando él ya se ha puesto en pie.
-Aunque es posible que los rumores tuviesen su fundamento.
Después de susurrarme eso al pasar por mi lado, sale de la clase. Y yo me quedo ahí, con los libros pegados al pecho, mirando como se va.
-Umm...-asiente con un murmuro. Lleva unas gafas de sol Ray-Ban negras que la deben haber costado más de cien dólares. Cierra la taquilla y me mira:-¿Cómo estás tú?
Echa a andar por el pasillo y me coloco a su lado, encogiéndome de hombros.
-Bien.-Jared me contó que le ayudaste a llevarme a su casa. Gracias.
Me sonríe dejando ver unos dientes blancos y perfectamente colocados. Yo hago un gesto con la mano, queriendo decir que no las merece. Soy incapaz de mirarla a los ojos, pensando en lo mala persona que he sido al desear a su novio. Es obvio que no solo no han cortado, sino que han superado la crisis sin ningún problema.
Voy mirando al suelo con los remordimientos devorando mi conciencia, cuando oigo una voz que me resulta terriblemente conocida. Alzo la cabeza intuyendo quién es el dueño de ese timbre, temiendo y deseando a la vez no estar equivocada.
-Hola-contesta Marion a Jared con una sonrisa, dándole un abrazo. Jared me mira a los ojos por encima del hombro de su novia y yo aparto la vista.-¿Qué tienes ahora?
-Matemáticas-dice mirando su horario.
Yo abro mucho los ojos, temiendo lo que ocurre. Marion pone en palabras mi temor diciendo:
-¡Vaya, igual que nosotras!
-¿Ah, sí?-dice Jared alzando una ceja y mirándome insinuando algo. Noto como los colores suben a mi cara y maldigo mi suerte.
Nos volvemos a poner en camino hasta llegar a clase. Me dirijo a la última fila y elijo un pupitre. Marion y Jared vienen justo detrás de mí, para sentarse él a mi derecha con ella colocada al mismo lado. Yo inmediatamente me tenso en mi asiento ante la mirada socarrona que me dirije sin el menor disimulo.
Por suerte, la profesora llega en ese momento, cortándole el paso a un silencio incómodo. Coge una tiza y se pone a escribir interminables problemas en la pizarra. Lo apunto todo en mi cuaderno sin entender nada. No hablo en ningún momento con nadie, por miedo a iniciar una conversación con Jared.
-Veo que ya te han advertido sobre mí-me susurra Jared hacia el final de la clase. Está recostado en su silla en actitud relajada sin escribir nada, como si esa clase no fuese para él.
Yo paro de escribir, abstraída totalmente por él. Sin embargo, permanezco callada.
-Tengo curiosidad-dice mirando hacia el frente, con un rastro de burla en los ojos.- ¿Qué te han dicho?-Yo sigo sin contestar.- Déjame que lo adivine... ¿que frecuento clubs de alterne?¿Que soy un corredor de apuestas?¿Que estoy en libertad condicional?
-Nada de eso-digo de repente. Parece que se ríe, que más que pesarle los tontos rumores le divierten.
-Entonces, ¿qué?
-Eres un jugador-digo solamente.
-Vaya, creo que es lo más bonito que me han dicho nunca...-ironiza.
-¿No te importa?
Mira al frente con una sonrisa y se encoge de hombros. Juega con el lápiz pasándoselo distraídamente entre los dedos con maestría.
-El año pasado organicé un concurso para ver qué rumor sobre mí ganaba el premio al más ingenioso-dice divertido.-Ganó uno que contaba que yo dirigía un club privado de alterne en Washington solo para hombres políticos.
Admiro el valor que tiene para tomarse esas mentiras como una broma.
-Este colegio es la mayor fuente de rumores de todo el país. Ten cuidado con lo que hablas y con quien lo hablas, o podrías acabar con una reputación parecida a la mía.
El timbre suena y nos saca de nuestro mundo privado. Pestañeo y guardo mis cosas, cuando él ya se ha puesto en pie.
-Aunque es posible que los rumores tuviesen su fundamento.
Después de susurrarme eso al pasar por mi lado, sale de la clase. Y yo me quedo ahí, con los libros pegados al pecho, mirando como se va.
Capítulo 8.
La limusina se nota vacía y fría sin la presencia de Jared. Miro por la ventanilla y me imagino que él mira la ciudad desde su ventanal y piensa en mí. Ese pensamiento acaba pareciéndome absurdo y desvío la vista hacia mi regazo. Sin embargo, el recuerdo de sus azules ojos aparece detrás de mis párpados continuamente. Una profunda nostalgia me invade, un estúpido anhelo de algo más. Me pregunto si esto es todo. Jared no me ha dejado en absoluto indiferente, pero ¿y yo a él? ¿O estará pensando en Marion? Al fin y al cabo, es su novia.
Los remordimientos sustituyen a la nostalgia al darme cuenta de que persigo a un hombre ya comprometido, cuya novia es al fin y al cabo la única persona que se ha dignado a hablarme en el instituto.
La limusina para suavemente y el chófer me abre la puerta. Yo respiro hondo antes de salir del coche para volver a casa. El jardín está silencioso, suavemente iluminado por luces que salen del suelo, proyectando suaves sombras en los cuidados arbustos que bordean el camino a la puerta. Entro en el vestíbulo y a continuación en el ascensor. 1... Me miro al espejo. 2... ¿Qué estará haciendo Jared? 3... "No, deja de pensar en él" 4... El último piso. El ascensor se para y las puertas se abren. Todo está tranquilo. Me repaso el peinado y el maquillaje en el espejo del ascensor antes de salir. La puerta de mi casa está entreabierta, como una muda invitación a que entre.
Nunca he visto a tía Mellyn enfadada, pero no debe haberse tomado muy bien que me marchase sin avisar. Todavía quedan muchos invitados, que hablan tranquilamente en pequeños grupos. Cierro la puerta detrás de mí, mientras intento divisar el pelo liso y corto de tía Mellyn. Al no encontrarla me escabullo hasta mi habitación y cierro la puerta con cuidado. Me siento en la cama y respiro con alivio, deseando que se marchen ya todos para poder estar a solas.
-Me ofende que creas que te puedes librar tan fácilmente de mí-oigo una voz desde la puerta. Pego un brinco en la cama y me giro sorprendida.
Tía Mellyn está apoyada en el marco con una expresión entre socarrona y de enfado fingido que no sé como tomarme. Por lo menos no está realmente enfadada. ¡Bueno sería que me enviase de vuelta a Los Ángeles ahora que todo se pone interesante! Iguamente, debo finjir estar muy arrepentida y prometer no volver a dar problemas.
-Tía Mellyn, lo siento mucho-me disculpo.-No quería preocuparte, pero Marion se encontraba mal y tenía que acompañarla, y...-empiezo a hablar.
-...y cierto jovencito de ojos azules no ha tenido nada que ver en este asunto-me interrumpe.-¿No es eso?
Yo me callo y la miro con ojos culpables, esperando una gran reprimenda.
-No tenía ni idea de su mala reputación-intento excusarme.
-Ay, hija, lo sé-dice con un suspiro, dejándose caer con elegancia a mi lado. Me mira con ojos soñadores, como si en vez de verme a mí viese sus recuerdos como si fuesen una película grabada en su mente. Me agarra de la mano en un gesto cariñoso muy propio de ella.-Créeme que no es el primer bribón que veo en mi vida y que sé muy bien como son. Realmente al chico no se le puede culpar, y admito que en el fondo puede ser un gran hombre, pero al igual que como todos los que son como él, no te puedes fiar de su sonrisa o de sus palabras. Ese chico es un jugador nato, incluso aunque salga con Marion. Y no hay ninguno que se le pueda comparar, nisiquiera tú podrás cambiarle aunque así lo creas.-Se levanta de mi cama y se va hacia la puerta. Antes de salir, se gira una última vez para decirme:-No te fíes, Ivy, las sonrisas que parecen sinceras son las peores.
Cierra la puerta, dejándome sola y pensativa. Jared ya me ha advertido de su reputación y ahora tïa Mellyn. Me ha quedado claro que no me conviene, y aún así, me siento irresistiblemente atraída hacia él.
Me quito los tacones, el vestido y me deshago el peinado, que deja mi pelo con suaves ondas. Me pongo el pijama y me meto en la cama. Dejo la ventana abierta para poder contemplar la ciudad antes de dormirme, y para que la luz del día me despierte mañana temprano. No puedo evitar pensar que en algún punto, quizá no demasiado lejano, está Jared… con Marion.
Los remordimientos sustituyen a la nostalgia al darme cuenta de que persigo a un hombre ya comprometido, cuya novia es al fin y al cabo la única persona que se ha dignado a hablarme en el instituto.La limusina para suavemente y el chófer me abre la puerta. Yo respiro hondo antes de salir del coche para volver a casa. El jardín está silencioso, suavemente iluminado por luces que salen del suelo, proyectando suaves sombras en los cuidados arbustos que bordean el camino a la puerta. Entro en el vestíbulo y a continuación en el ascensor. 1... Me miro al espejo. 2... ¿Qué estará haciendo Jared? 3... "No, deja de pensar en él" 4... El último piso. El ascensor se para y las puertas se abren. Todo está tranquilo. Me repaso el peinado y el maquillaje en el espejo del ascensor antes de salir. La puerta de mi casa está entreabierta, como una muda invitación a que entre.
Nunca he visto a tía Mellyn enfadada, pero no debe haberse tomado muy bien que me marchase sin avisar. Todavía quedan muchos invitados, que hablan tranquilamente en pequeños grupos. Cierro la puerta detrás de mí, mientras intento divisar el pelo liso y corto de tía Mellyn. Al no encontrarla me escabullo hasta mi habitación y cierro la puerta con cuidado. Me siento en la cama y respiro con alivio, deseando que se marchen ya todos para poder estar a solas.
-Me ofende que creas que te puedes librar tan fácilmente de mí-oigo una voz desde la puerta. Pego un brinco en la cama y me giro sorprendida.
Tía Mellyn está apoyada en el marco con una expresión entre socarrona y de enfado fingido que no sé como tomarme. Por lo menos no está realmente enfadada. ¡Bueno sería que me enviase de vuelta a Los Ángeles ahora que todo se pone interesante! Iguamente, debo finjir estar muy arrepentida y prometer no volver a dar problemas.
-Tía Mellyn, lo siento mucho-me disculpo.-No quería preocuparte, pero Marion se encontraba mal y tenía que acompañarla, y...-empiezo a hablar.
-...y cierto jovencito de ojos azules no ha tenido nada que ver en este asunto-me interrumpe.-¿No es eso?
Yo me callo y la miro con ojos culpables, esperando una gran reprimenda.
-No tenía ni idea de su mala reputación-intento excusarme.
-Ay, hija, lo sé-dice con un suspiro, dejándose caer con elegancia a mi lado. Me mira con ojos soñadores, como si en vez de verme a mí viese sus recuerdos como si fuesen una película grabada en su mente. Me agarra de la mano en un gesto cariñoso muy propio de ella.-Créeme que no es el primer bribón que veo en mi vida y que sé muy bien como son. Realmente al chico no se le puede culpar, y admito que en el fondo puede ser un gran hombre, pero al igual que como todos los que son como él, no te puedes fiar de su sonrisa o de sus palabras. Ese chico es un jugador nato, incluso aunque salga con Marion. Y no hay ninguno que se le pueda comparar, nisiquiera tú podrás cambiarle aunque así lo creas.-Se levanta de mi cama y se va hacia la puerta. Antes de salir, se gira una última vez para decirme:-No te fíes, Ivy, las sonrisas que parecen sinceras son las peores.
Cierra la puerta, dejándome sola y pensativa. Jared ya me ha advertido de su reputación y ahora tïa Mellyn. Me ha quedado claro que no me conviene, y aún así, me siento irresistiblemente atraída hacia él.
Me quito los tacones, el vestido y me deshago el peinado, que deja mi pelo con suaves ondas. Me pongo el pijama y me meto en la cama. Dejo la ventana abierta para poder contemplar la ciudad antes de dormirme, y para que la luz del día me despierte mañana temprano. No puedo evitar pensar que en algún punto, quizá no demasiado lejano, está Jared… con Marion.
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