La semana transcurre sin apenas novedades. Coincido todos los días en alguna clase con Jared, pero solo estamos los tres juntos en dos de ellas. No sé si considerarlo una suerte o una desgracia. No vuelvo a hablar con él hasta el jueves, en clase de Francés, cuando me dice:
-¿Qué haces mañana?
-Nada-digo muy a mi pesar. Me encantaría decirle que he quedado con alguien, o que tengo un plan interesantísimo, pero sería mentir.
-Perfecto-sonríe.- Mi madre organiza una cena y tu tía Mellyn y tú estáis invitadas.
Después de eso nos quedamos callados. Ninguno sabe realmente qué decir después de todo. Quizá esté jugando conmigo como hace con todas pero, ¿por qué? ¿De verdad tengo que creerme que tenga mala reputación? A lo mejor debería esperar a verlo con mis propios ojos.
La profesora sigue escribiendo en la pizarra un montón de frases en francés, que yo copio con esmerada letra en el cuaderno. Él no mueve un dedo, pero cuando la profesora le pregunta algo en francés él contesta con un impecable y sexy acento. Pasa un buen rato hasta que por fin me decido a hablarle.
-Jared...-le llamo. Él se gira hacia mí con curiosidad y me doy cuenta de que es la primera vez que pronuncio su nombre en voz alta. Un escalofrío me recorre, haciendo sonar su nombre incluso más excitante. Entonces caigo en que él sigue mirándome a la espera de que diga algo y yo solo estoy mirándole a esos dos lagos de su cara como una tonta. Sacudo levemente la cabeza para concentrarme y le pregunto:- ¿A qué te referías el otro día?-Pestañea esperando a que me explique.-Me aseguraste que solo eran rumores, pero luego me dijiste que tenían su fundamento.
Un asomo de sonrisa aparece en sus labios. Juguetea un rato con el boli antes de contestarme. Se gira hacia mí en la silla y se inclina. Yo agacho levemente la cabeza, hasta que nuestras caras están a tan solo quince centímetros de diferencia. Aún así me sigue pareciendo mucho y me invade la tentación de acabar con esa maldita distancia que nos separa. Por suerte me controlo, aunque a duras penas.
-Dijiste que yo era un jugador, y eso no lo puedo negar. No me gustan las relaciones, o quizá es sólo que normalmente no me gusta la chica con la que comparto la relación-me confiesa.
-¿Te refieres a que Marion no te gusta?-le pregunto confusa.
-No, no es eso.-Abre la boca para continuar con la explicación, pero el timbre suena y todo el mundo se levanta, haciendo ruido. Cierra la boca y me mira una última vez antes de agarrar sus cosas y salir por la puerta.
Suspiro con cansancio. Cada vez que intento saber más sobre él acabo más confundida. Este chico es una contradicción en sí mismo y mi vida no necesita complicaciones. Debo olvidarme de él y centrarme en los estudios, en mi futuro o en cualquier otra cosa.
Salgo de la clase y voy a mi taquilla. Estoy yendo hacia ella cuando un entretenido espectáculo aparece ante mis ojos: Jared tiene a Marion contra las taquillas y la besa como si le fuese la vida en ello. Marion le abraza como si fuese un oasis en medio del desierto, con alegría y esperanza.
Yo abro mi taquilla sin tener ni un mínimo de cuidado por no interrumpirles, tirando todos los libros dentro sin cuidado. Quizá con un poco de amargura puesta en mis acciones, sabiendo lo inalcanzable que es Jared y lo ilusa que he sido.
Cierro la puerta de un golpe, provocando que se separen y se giren hacia mí.
-¡Ivy!-dice Marion con alegría. Parece de muy buen humor a pesar de mi interrupción.-¿Qué tal te ha ido el día?
Sigue agarrada a Jared, que me mira con curiosidad y un rastro de burla, pegado también todavía a ella. Parece que me reta a que le diga algo. Yo le miro a los ojos y soy incapaz de sostenerle la mirada.
-Bien, no ha estado mal-contesto, fingiendo una media sonrisa, sin ganas de sonreir de verdad.
Marion se separa de Jared, que se apoya con despreocupación en la taquilla de Marion, mirándome divertido y sin disimulo.
-¿Tienes algo que hacer esta tarde? Había pensado irme a comprar un vestido para la cena de mañana de Jared, ¿por qué no me acompañas?
-Claro-digo sin pensar.
-¡Estupendo! Pasaré a recogerte a las cinco. Vamos, cariño.
Jared me lanza una última mirada al pasar por mi lado. Pasa cerca, tan cerca que puedo olerle y sentir que me mareo de gusto. ¿Qué me pasa?

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