jueves, 26 de enero de 2012

Capítulo 9.

-¿Cómo estás?-le pregunto a Marion cuando abre la taquilla contigua a la mía. Ya es lunes y toca volver al Instituto después del interminable fin de semana que he pasado, preguntándome qué habría sucedido.
-Umm...-asiente con un murmuro. Lleva unas gafas de sol Ray-Ban negras que la deben haber costado más de cien dólares. Cierra la taquilla y me mira:-¿Cómo estás tú?
Echa a andar por el pasillo y me coloco a su lado, encogiéndome de hombros.
-Bien.
-Jared me contó que le ayudaste a llevarme a su casa. Gracias.
Me sonríe dejando ver unos dientes blancos y perfectamente colocados. Yo hago un gesto con la mano, queriendo decir que no las merece. Soy incapaz de mirarla a los ojos, pensando en lo mala persona que he sido al desear a su novio. Es obvio que no solo no han cortado, sino que han superado la crisis sin ningún problema.
Voy mirando al suelo con los remordimientos devorando mi conciencia, cuando oigo una voz que me resulta terriblemente conocida. Alzo la cabeza intuyendo quién es el dueño de ese timbre, temiendo y deseando a la vez no estar equivocada.
-Hola-contesta Marion a Jared con una sonrisa, dándole un abrazo. Jared me mira a los ojos por encima del hombro de su novia y yo aparto la vista.-¿Qué tienes ahora?
-Matemáticas-dice mirando su horario.
Yo abro mucho los ojos, temiendo lo que ocurre. Marion pone en palabras mi temor diciendo:
-¡Vaya, igual que nosotras!
-¿Ah, sí?-dice Jared alzando una ceja y mirándome insinuando algo. Noto como los colores suben a mi cara y maldigo mi suerte.
Nos volvemos a poner en camino hasta llegar a clase. Me dirijo a la última fila y elijo un pupitre. Marion y Jared vienen justo detrás de mí, para sentarse él a mi derecha con ella colocada al mismo lado. Yo inmediatamente me tenso en mi asiento ante la mirada socarrona que me dirije sin el menor disimulo.
Por suerte, la profesora llega en ese momento, cortándole el paso a un silencio incómodo. Coge una tiza y se pone a escribir interminables problemas en la pizarra. Lo apunto todo en mi cuaderno sin entender nada. No hablo en ningún momento con nadie, por miedo a iniciar una conversación con Jared.
-Veo que ya te han advertido sobre mí-me susurra Jared hacia el final de la clase. Está recostado en su silla en actitud relajada sin escribir nada, como si esa clase no fuese para él.
Yo paro de escribir, abstraída totalmente por él. Sin embargo, permanezco callada.
-Tengo curiosidad-dice mirando hacia el frente, con un rastro de burla en los ojos.- ¿Qué te han dicho?-Yo sigo sin contestar.- Déjame que lo adivine... ¿que frecuento clubs de alterne?¿Que soy un corredor de apuestas?¿Que estoy en libertad condicional?
-Nada de eso-digo de repente. Parece que se ríe, que más que pesarle los tontos rumores le divierten.
-Entonces, ¿qué?
-Eres un jugador-digo solamente.
-Vaya, creo que es lo más bonito que me han dicho nunca...-ironiza.
-¿No te importa?
Mira al frente con una sonrisa y se encoge de hombros. Juega con el lápiz pasándoselo distraídamente entre los dedos con maestría.
-El año pasado organicé un concurso para ver qué rumor sobre mí ganaba el premio al más ingenioso-dice divertido.-Ganó uno que contaba que yo dirigía un club privado de alterne en Washington solo para hombres políticos.
Admiro el valor que tiene para tomarse esas mentiras como una broma.
-Este colegio es la mayor fuente de rumores de todo el país. Ten cuidado con lo que hablas y con quien lo hablas, o podrías acabar con una reputación parecida a la mía.
El timbre suena y nos saca de nuestro mundo privado. Pestañeo y guardo mis cosas, cuando él ya se ha puesto en pie.
-Aunque es posible que los rumores tuviesen su fundamento.
Después de susurrarme eso al pasar por mi lado, sale de la clase. Y yo me quedo ahí, con los libros pegados al pecho, mirando como se va.

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