Los remordimientos sustituyen a la nostalgia al darme cuenta de que persigo a un hombre ya comprometido, cuya novia es al fin y al cabo la única persona que se ha dignado a hablarme en el instituto.La limusina para suavemente y el chófer me abre la puerta. Yo respiro hondo antes de salir del coche para volver a casa. El jardín está silencioso, suavemente iluminado por luces que salen del suelo, proyectando suaves sombras en los cuidados arbustos que bordean el camino a la puerta. Entro en el vestíbulo y a continuación en el ascensor. 1... Me miro al espejo. 2... ¿Qué estará haciendo Jared? 3... "No, deja de pensar en él" 4... El último piso. El ascensor se para y las puertas se abren. Todo está tranquilo. Me repaso el peinado y el maquillaje en el espejo del ascensor antes de salir. La puerta de mi casa está entreabierta, como una muda invitación a que entre.
Nunca he visto a tía Mellyn enfadada, pero no debe haberse tomado muy bien que me marchase sin avisar. Todavía quedan muchos invitados, que hablan tranquilamente en pequeños grupos. Cierro la puerta detrás de mí, mientras intento divisar el pelo liso y corto de tía Mellyn. Al no encontrarla me escabullo hasta mi habitación y cierro la puerta con cuidado. Me siento en la cama y respiro con alivio, deseando que se marchen ya todos para poder estar a solas.
-Me ofende que creas que te puedes librar tan fácilmente de mí-oigo una voz desde la puerta. Pego un brinco en la cama y me giro sorprendida.
Tía Mellyn está apoyada en el marco con una expresión entre socarrona y de enfado fingido que no sé como tomarme. Por lo menos no está realmente enfadada. ¡Bueno sería que me enviase de vuelta a Los Ángeles ahora que todo se pone interesante! Iguamente, debo finjir estar muy arrepentida y prometer no volver a dar problemas.
-Tía Mellyn, lo siento mucho-me disculpo.-No quería preocuparte, pero Marion se encontraba mal y tenía que acompañarla, y...-empiezo a hablar.
-...y cierto jovencito de ojos azules no ha tenido nada que ver en este asunto-me interrumpe.-¿No es eso?
Yo me callo y la miro con ojos culpables, esperando una gran reprimenda.
-No tenía ni idea de su mala reputación-intento excusarme.
-Ay, hija, lo sé-dice con un suspiro, dejándose caer con elegancia a mi lado. Me mira con ojos soñadores, como si en vez de verme a mí viese sus recuerdos como si fuesen una película grabada en su mente. Me agarra de la mano en un gesto cariñoso muy propio de ella.-Créeme que no es el primer bribón que veo en mi vida y que sé muy bien como son. Realmente al chico no se le puede culpar, y admito que en el fondo puede ser un gran hombre, pero al igual que como todos los que son como él, no te puedes fiar de su sonrisa o de sus palabras. Ese chico es un jugador nato, incluso aunque salga con Marion. Y no hay ninguno que se le pueda comparar, nisiquiera tú podrás cambiarle aunque así lo creas.-Se levanta de mi cama y se va hacia la puerta. Antes de salir, se gira una última vez para decirme:-No te fíes, Ivy, las sonrisas que parecen sinceras son las peores.
Cierra la puerta, dejándome sola y pensativa. Jared ya me ha advertido de su reputación y ahora tïa Mellyn. Me ha quedado claro que no me conviene, y aún así, me siento irresistiblemente atraída hacia él.
Me quito los tacones, el vestido y me deshago el peinado, que deja mi pelo con suaves ondas. Me pongo el pijama y me meto en la cama. Dejo la ventana abierta para poder contemplar la ciudad antes de dormirme, y para que la luz del día me despierte mañana temprano. No puedo evitar pensar que en algún punto, quizá no demasiado lejano, está Jared… con Marion.
No hay comentarios:
Publicar un comentario