viernes, 27 de abril de 2012

Capítulo 12.

Me acerco a ellos con lentitud, dudando. Realmente no quiero acercarme a Jared, no quiero que se mueva y su olor me impregne, no quiero que dibuje esa bonita media sonrisa, no quiero que me mire con esos dos pedazos de cielo, no quiero ver su boca y morir de deseos por tocarla aunque sea una sola vez.
Tiemblo un momento cuando llegan a mi lado y Jared me observa detenidamente.
-¿Ves? Te dije que era un acierto-dice Marion dando una suave palmada. Ella lleva el vestido rojo que se compró ayer, adornado con un collar en cascada negro de Swarovsky. Jared lleva las manos en el bolsillo de su esmoquin con despreocupación. Están radiantes. Pienso de nuevo que ahí, los dos juntos, parecen la portada de una revista para gente rica. Pero, como todo el mundo sabe, esas portadas están llenas de photoshop y pura fachada.
A partir de ahí la fiesta transcurre como toda reunión en el Upper East Side: sin sobresaltos, con cotilleos y chismes que probablemente ni siquiera sean ciertos, y conversaciones soporíferas. Un par de copas para que se te haga más llevadera la reunión y una cena abundante en la que las mujeres se controlan para no estropear su perfecto tipo, aunque ¿a quién le importa? Si ganan unos centímetros siempre pueden permitirse una liposucción que lo arregle.
Después de la cena volvemos al salón, donde las conversaciones siguen, un poco más animadas y las copas vuelven a desfilar. Algunas personas se despiden, cogen su chal de seda india o sus abrigos de pieles y salen por la puerta. Otras nuevas llegan, se lamentan de haberse perdido la cena y se integran en una conversación con una copa de champán.
Pero todo cambia alrededor de las doce. Quizá sea porque es la hora mágica, porque es cuando la fiesta llega a su punto álgido o porque el destino así lo quiere; pero los acontecimientos sufren un cambio radical. Tan radical, que casi pierdo la cabeza.
Estoy sentada en el sofá, hablando con Marion y Jared,  cuando ella se disculpa y se va al servicio. Jared y yo seguimos hablando sobre el mismo tema: la Universidad. Él tiene muy claro que quiere ir a Harvard y quiere ser un hombre de negocios. Estoy convencida de que con esa seguridad y ese fuerte carisma nada le impedirá labrarse un brillante futuro. Yo, sin embargo, no tengo claro donde quiero estudiar, y así se lo digo. Nueva York es una tentativa muy fuerte, esta ciudad está incluso empezando a gustarme. Pero no podría separarme de mi querida ciudad. A lo mejor hasta voy a UCLA.
Entonces aparece mi tía de la nada para pedirle a Jared que me enseñe la gran biblioteca, asegurando que me volverá loca.
Y eso hace Jared. Me conduce a través del salón y por un largo corredor, hasta llegar a un gran cuarto con altas estanterías repletas de libros. Libros de poesía, de historia, de aventuras, de romances... Paso la mano por los tomos de una balda y me quedo extasiada contemplándolos. Una sonrisa se dibuja en mi cara al ver títulos conocidos: Orgullo y Prejuicio, Lo que el viento se llevó, La señora de Mellyn. Alcanzo a ver en la tercera blada por encima de mi cabeza un título más que conocido: Sherlock Holmes.
Lo saco del estante y me pongo a hojearlo mientras las palabras vienen a mi cabeza antes de leerlas, aprendidas ya de memoria.
-¿Sherlock Holmes?-me pregunta Jared sonriendo.
-Por supuesto. ¿Lo has leído?
-Cientos de veces.-Le miro a los ojos mientras me habla.
Vuelvo a dejarlo en su estantería y sigo paseando entre los libros seguida por él. Huele bien, a madera y a páginas viejas y manoseadas, a frenéticos dedos que pasan de una página a otra con rapidez según va creciendo la intriga que encierran esos libros, a mentes despiertas.
-Jamás te hubiese creído aficionado a la lectura-le confieso.
-No es mi única afición.
-¿Cuál es la otra?-digo parando y girándome para mirarle.
-Besar a cierta chica de los Ángeles.
Y, sin más, me agarra de la cintura y me atrae hacia él.

Capítulo 15.

-Esta es la última maleta-concluye Richard con una palmada.
Es un chico sonriente y amable, al contrario que Mike, que se mantiene en una esquina callado y taciturno con los brazos cruzados en actitud defensiva. Ella está a su lado, otro prototipo de chica del instituto, haciéndole compañía sin decir nada. Con sus tacones rosas y su pañuelo blanco en la cabeza me recuerda a una versión seca y fría de Marion. Me mira de vez en cuando con un leve desagrado, como si no le gustase mi pelo moreno y mi cuerpo menudo. Yo evito establecer contacto visual con ella, para que no me congele con la mirada. 
Marion se da cuenta de mi situación de vulnerabilidad frente a su "querida amiga" y viene corriendo en mi ayuda, agarrándome del brazo y guiándome a un lujoso y elegante Mercedes.
-Richard, Mike, Ella, iréis en el coche de Richard. Jared, Ivy y yo compartiremos el coche de Jared. Sin darles tiempo a contestar me empuja al asiento del copiloto, al lado de Jared que, sentado al volante, me dirije una fría mirada. Vaya, ¿es que no voy a tener una sola mano amiga?
Marion se sienta detrás, satisfecha, y da palmadas en nuestros asientos con alegría. Parece ilusionada, debe habérsele pasado el enfado del otro día. ¿A qué habría venido? ¿Volvían a entrar en una crisis?  Una punzada de alegría me recorre al pensar en ello.
-¡En marcha! ¡Los Hamptons nos esperan!-chilla. Jared enciende el motor sin tanto entusiasmo y arranca con suavidad, seguido por Richard.
Marion se recuesta detrás y cierra los ojos, quedándose dormida casi al instante. Suelta suaves ronquidos y respira pesadamente, parece en gran calma, reposada, tranquila... Jared me mira y abre la boca, como si fuese a decir algo. La cierra rápidamente y sigue con la vista al frente, concentrado en la carretera.
Y entonces no puedo más. Estoy harta de que me ignore, de su frialdad, de que me haya demostrado lo equivocada que estaba al pensar que su reputación era un error.
-¿Ya está?-le susurro con enfado. Él me mira con curiosidad, alzando una ceja.- ¿Eso va a ser todo? ¿Vas a hacer como que nada ocurrió?¿Fui simplemente un desahogo inútil?
Tensa la mandíbula, pero no me mira directamente.
-No lo entiendes-dice. No se molesta en susurrar, habla claramente. Miro a Marion con alarma, temiendo que se haya despertado.
-No te preocupes-dice él siguiendo mi mirada-, podrían lanzar una bomba al lado de su oreja y ni se inmutaría.-Tiene razón, Marion ni se ha movido. Le miro para que continúe con lo que estaba diciendo. Lanza un suspiro cansado, pero sonríe con ironía al decir:-Tengo novia, por si todavía no te has dado cuenta. Una novia con la que llevo ya un año y medio más o menos. Y esta es la primera vez que la engaño-me lanza una breve mirada. Yo me siento culpable.- Puedo tener la peor reputación de Nueva York, pero sigo teniendo conciencia. Y me está siendo difícil acallarla. ¿No puedes entender eso?
Tiene el pelo revuelto y una barba incipiente que le hace parecer descuidado y aún más atractivo. En sus ojoa hay una muda súplica,  como si le estuviese torturando lentamente. Es el mayor signo de emoción que he visto en su rostro desde que le conozco. ¿Y yo he provocado esa emoción? Lo cierto es que esperaba algo totalmente diferente. Algo más... alegre.
-Sí, claro que lo entiendo-le contesto casi sin aliento. Sé que estoy siendo egoísta, pero la voz se me enfría al decir:- Siento si te he causado algún problema o dilema moral. No había nada más lejos de mi intención.
Jared me mira y puedo ver que la súplica es mayor,  pero está más tranquilo, como si le aliviase la distancia que se ha interpuesto entre nosotros. Eso me duele más de lo que quiero admitir.
-Soy yo el que te causará problemas-susurra.
Yo solo puedo desear que sea cierto. Cualquier problema con él sería una tentativa mejor que una vida totalmente tranquila. En sus ojos puedo ver la tormenta que se avecina. Y yo estoy en el mar con mi pequeña barquita. Va a ser un viaje muy entretenido...

Capítulo 14.

Los días pasan más rápidos cuanto menos quiero que llegue la escapada a los Hamptons, o más lentos cuando deseo que llegue, llevándome siempre la contrario y haciéndome estar de un mal humor terrible. Las agujas y el calendario se han puesto de acuerdo para burlarse de mí. En mi interior una batalla de sentimientos contradictorios se desarrolla con furia: temor por volver a ver a Jared, anhelo por pasar tiempo en la playa (Marion me dijo que a pesar de ser octubre las temperaturas previstas eran muy altas), remordimientos por no decirle a Marion lo que sucedió, expectación por volver a hablar con él y aclarar lo ocurrido, confusión al no saber explicar qué había ocurrido...
No sabía si debía aceptar la invitación, así que decidí dejarlo todo en manos de mi tía. La pregunté si debía aceptarla y casi parecía más entusiasmada que yo. ¡Incluso me dio una tarjeta de crédito para comprarme ropa para ir a los Hamptons!
-Ya verás, querida, te lo pasarás en grande. Yo a tu edad también hice una escapada. Las barbacoas de noche son asombrosas, te lo aseguro. Y procura no beber mucho, te lo ruego, las locuras que se hacen pueden acabar en desgracias.
Estuvo parloteando sobre sus aventuras de joven, lo bien que se lo pasaba y todos los pretendientes que tenía. Era divertido oirla reir, parecía que volvía a ser joven, los ojos la brillaban con otra luz, con la luz del pasado...
Pero a pesar de lo divertido que era verla reír, mi cabeza se escapaba a otro lado sin prestar atención. No había hablado con Jared desde su cena. A veces le veo en los pasillos hablando con Marion, pero en cuanto ella se dirige a mí él desaparece sigilosamente, lanzándome una mirada que aún no sé como interpretar. Marion no parece haberse dado cuenta de la repentina frialdad, y si lo ha notado no ha mostrado ninguna señal. Ella continúa hablando conmigo como si tal cosa, planeando el fin de semana y contándome divertidas anécdotas de sus veranos en los Hamptons.
La situación llegó a su punto álgido un miércoles, dos días antes de que nos fuésemos al gran viaje. Jared estaba hablando con Marion cuando llegué a dejar mis libros en la taquilla. Les miré de reojo y pude apreciar por los aspavientos y las muecas de Marion que estaba disgustada por algo y se quejaba. Me entretuve en mi taquilla para esperar a Marion, esa tarde nos íbamos a comprar bikinis. Aproveché además para intentar oir de qué hablaban, aunque no alcancé a oir nada. Jared miraba al suelo con la mirada perdida. No parecía estar escuchándola, daba la sensación de estar muy lejos. Pestañeó y la miró cuando ella le tocó el hombro. Parecía sorprendido,  pero no abrió la boca.
Me pregunté de qué estarían hablando. Me entró pánico de repente al pensar que Jared podría haberlo confesado todo. ¿Qué haría yo entonces? Marion era la única que me dirigía la palabra en el colegio, era mi ventanita de luz en medio de la prisión que esta vida suponía. Y yo me estaba empeñando en tapar esa ventana con una gruesa tela, por el simple hecho de lo mucho que me atraía la oscuridad. Por suerte,  la luz seguía entrando, aunque... ¿Durante cuánto tiempo?
No podía evitar sentirme una traidora, una mala persona. Marion no se merecía lo que había hecho. Aunque, pensándolo bien, yo también soy la víctima. Como mi tía ya me ha advertido, Jared es un jugador de mala reputación. Me engañó, me hizo caer por un precipicio para luego no atraparme. Y puedo empeñarme en que soy inocente, pero no puedo decir que me disguste el subidón de adrenalina de la caída. Es como una droga. Está mal, es adictivo, pero tan atrayente...
-Ivy, ¿estás lista?-me pregunta Marion.
Me he quedado absorta y no me he dado cuenta de que estaba mirando fijamente a Jared, que me devuelve la mirada a dos taquillas de distancia. Rompo el contacto visual para mirar a Marion y puedo ver por el rabillo del ojo como Jared se aleja con la espalda tensa. Quizá no soy la única que se ha quedado pensativa.

Capítulo 13.

Sus labios se pegan a los míos con fuerza y delicadeza a un tiempo. Su mano se apoya en mi espalda, atrayéndome hacia él. Debería apartarme, sentirme culpable y alejarme; pero lo cierto es que no siento nada de eso. No puedo pensar en nada, tan solo en él, en mí, en el beso y en cuánto lo había deseado. Me agarro a su cuello y acaricio el pelo de su nuca, reteniéndolo a mi lado. No quiero que me suelte ni que se aleje, porque en el momento en que lo haga los remordimientos y las dudas me asaltarán. Pero es inevitable, y al final acaba separándose de mí. Me mira a los ojos y yo por un momento no puedo recordar ni donde estamos. Pero por desgracia la amnesia dura solo eso: un momento. Me llevo las manos a la cara, para que no me vea. Noto como me arden las mejillas y como la culpabilidad forma un nudo en mi estómago.
-Oh Dios mio...-susurro. Él me mira, sin verme en realidad. O quizá viéndome más que nunca. Apoya sus dedos en mi mejilla, como si quisiera cerciorarse de que soy real. Yo me aparto con brusquedad, horrorizada al pensar que he traicionado a la única persona que se ha portado de manera amable conmigo en el colegio. ¿Qué hago?¿Me quedo? No, no puedo. ¿Cómo podría mirarme al espejo?
Salgo deprisa de la biblioteca sin mirar atrás, sin girarme para ver a Jared. Si le miro me entrará la tentación de volver, de cerrar la puerta y olvidarme de Marion y de mi conciencia. Doy vueltas por los pasillos, demasiado atontada como para recordar como se vuelve al salón. Abro un par de puertas, encontrándome con dormitorios vacíos en los que parece que nadie a puesto jamás un pie. No me entretengo en cotillear a pesar de mis casi irrefrenables ganas. Jared podría estar buscándome, aunque lo dudo, o venir por aquí y pillarme inspeccionando cada cuarto.
Consigo llegar al salón guiándome por las voces y la música clásica que han puesto para animar más el ambiente y añadirle más clase. En cuanto entro por la puerta Marion me agarra del brazo. Pienso por un instante que lo sabe y el miedo hace que me falte el aire. Noto como me pongo pálida. Pero es imposible que se haya enterado tan rápido. Miro hacia la puerta con ansiedad, esperando ver aparecer a Jared. Pero no lo hace. ¿Dónde estará?¿Se habrá quedado en la biblioteca, se habrá ido?¿Estará pensando en lo que ha ocurrido?  Debí haberme fiado de mi tía. Su mala reputación tiene una razón, incluso él me lo advirtió. Tan solo me está utilizando para aliviar los baches de su relación. Pero ha sido mi tía la que me ha empujado directa a él al pedirle que me enseñe la biblioteca. ¿Cómo se le ocurre pedirle que me lleve a un sitio donde íbamos a estar solos?
-¿Ivy?¿Me estás escuchando?-me giro hacia ella con un sobresalto, intentando aparentar normalidad-¿Has estado alguna vez en los Hamptons?-me pregunta. Yo niego con la cabeza.  Noto como me arde la cara y el rojo baña mis mejillas, teñidas por la culpabilidad y la vergüenza. Mi cara está adquiriendo diferentes colores demasiado rápido, eso no puede ser bueno.-Me han dejado la casa libre dentro de dos fines de semana. Una preciosa casa frente a una playa privada. ¿Puedes imaginarlo? Tú, Jared, Mike, Ella, Richard y yo... Playa, cervezas y hogueras de noche-me habla como si lo estuviese viendo delante de sus ojos. Está tan entusiasmada que su voz ha subido una octava.
-¿Quienes son Mike, Richard y Ella?
-Unos amigos muy queridos-dice sin darle importancia.
Me agarra de la mano y me arrastra a la mesa de las bebidas con un entusiasta "esto hay que celebrarlo con una copa". Me pregunto si Marion tendrá problemas con el alcohol. Sería lo que le faltaba, suficientes problemas tiene con su novio... Y todo por mi culpa. Intento no pensar más en ello y sonreir mientras brindamos con un vaso de wishky de malta. Me bebo de un trago mi vaso, arrugando el ceño al sentir mi garganta arder por el alcohol. Mientras Marion ríe, no puedo evitar verla como César, poderosa e imparable, diciéndome "¿tú también, Bruto?"