viernes, 27 de abril de 2012

Capítulo 14.

Los días pasan más rápidos cuanto menos quiero que llegue la escapada a los Hamptons, o más lentos cuando deseo que llegue, llevándome siempre la contrario y haciéndome estar de un mal humor terrible. Las agujas y el calendario se han puesto de acuerdo para burlarse de mí. En mi interior una batalla de sentimientos contradictorios se desarrolla con furia: temor por volver a ver a Jared, anhelo por pasar tiempo en la playa (Marion me dijo que a pesar de ser octubre las temperaturas previstas eran muy altas), remordimientos por no decirle a Marion lo que sucedió, expectación por volver a hablar con él y aclarar lo ocurrido, confusión al no saber explicar qué había ocurrido...
No sabía si debía aceptar la invitación, así que decidí dejarlo todo en manos de mi tía. La pregunté si debía aceptarla y casi parecía más entusiasmada que yo. ¡Incluso me dio una tarjeta de crédito para comprarme ropa para ir a los Hamptons!
-Ya verás, querida, te lo pasarás en grande. Yo a tu edad también hice una escapada. Las barbacoas de noche son asombrosas, te lo aseguro. Y procura no beber mucho, te lo ruego, las locuras que se hacen pueden acabar en desgracias.
Estuvo parloteando sobre sus aventuras de joven, lo bien que se lo pasaba y todos los pretendientes que tenía. Era divertido oirla reir, parecía que volvía a ser joven, los ojos la brillaban con otra luz, con la luz del pasado...
Pero a pesar de lo divertido que era verla reír, mi cabeza se escapaba a otro lado sin prestar atención. No había hablado con Jared desde su cena. A veces le veo en los pasillos hablando con Marion, pero en cuanto ella se dirige a mí él desaparece sigilosamente, lanzándome una mirada que aún no sé como interpretar. Marion no parece haberse dado cuenta de la repentina frialdad, y si lo ha notado no ha mostrado ninguna señal. Ella continúa hablando conmigo como si tal cosa, planeando el fin de semana y contándome divertidas anécdotas de sus veranos en los Hamptons.
La situación llegó a su punto álgido un miércoles, dos días antes de que nos fuésemos al gran viaje. Jared estaba hablando con Marion cuando llegué a dejar mis libros en la taquilla. Les miré de reojo y pude apreciar por los aspavientos y las muecas de Marion que estaba disgustada por algo y se quejaba. Me entretuve en mi taquilla para esperar a Marion, esa tarde nos íbamos a comprar bikinis. Aproveché además para intentar oir de qué hablaban, aunque no alcancé a oir nada. Jared miraba al suelo con la mirada perdida. No parecía estar escuchándola, daba la sensación de estar muy lejos. Pestañeó y la miró cuando ella le tocó el hombro. Parecía sorprendido,  pero no abrió la boca.
Me pregunté de qué estarían hablando. Me entró pánico de repente al pensar que Jared podría haberlo confesado todo. ¿Qué haría yo entonces? Marion era la única que me dirigía la palabra en el colegio, era mi ventanita de luz en medio de la prisión que esta vida suponía. Y yo me estaba empeñando en tapar esa ventana con una gruesa tela, por el simple hecho de lo mucho que me atraía la oscuridad. Por suerte,  la luz seguía entrando, aunque... ¿Durante cuánto tiempo?
No podía evitar sentirme una traidora, una mala persona. Marion no se merecía lo que había hecho. Aunque, pensándolo bien, yo también soy la víctima. Como mi tía ya me ha advertido, Jared es un jugador de mala reputación. Me engañó, me hizo caer por un precipicio para luego no atraparme. Y puedo empeñarme en que soy inocente, pero no puedo decir que me disguste el subidón de adrenalina de la caída. Es como una droga. Está mal, es adictivo, pero tan atrayente...
-Ivy, ¿estás lista?-me pregunta Marion.
Me he quedado absorta y no me he dado cuenta de que estaba mirando fijamente a Jared, que me devuelve la mirada a dos taquillas de distancia. Rompo el contacto visual para mirar a Marion y puedo ver por el rabillo del ojo como Jared se aleja con la espalda tensa. Quizá no soy la única que se ha quedado pensativa.

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