Sus labios se pegan a los míos con fuerza y delicadeza a un tiempo. Su mano se apoya en mi espalda, atrayéndome hacia él.
Debería apartarme, sentirme culpable y alejarme; pero lo cierto es que no siento nada de eso. No puedo pensar en nada, tan solo en él, en mí, en el beso y en cuánto lo había deseado.
Me agarro a su cuello y acaricio el pelo de su nuca, reteniéndolo a mi lado. No quiero que me suelte ni que se aleje, porque en el momento en que lo haga los remordimientos y las dudas me asaltarán.
Pero es inevitable, y al final acaba separándose de mí. Me mira a los ojos y yo por un momento no puedo recordar ni donde estamos. Pero por desgracia la amnesia dura solo eso: un momento.
Me llevo las manos a la cara, para que no me vea. Noto como me arden las mejillas y como la culpabilidad forma un nudo en mi estómago.
-Oh Dios mio...-susurro.
Él me mira, sin verme en realidad. O quizá viéndome más que nunca. Apoya sus dedos en mi mejilla, como si quisiera cerciorarse de que soy real. Yo me aparto con brusquedad, horrorizada al pensar que he traicionado a la única persona que se ha portado de manera amable conmigo en el colegio. ¿Qué hago?¿Me quedo? No, no puedo. ¿Cómo podría mirarme al espejo?
Salgo deprisa de la biblioteca sin mirar atrás, sin girarme para ver a Jared. Si le miro me entrará la tentación de volver, de cerrar la puerta y olvidarme de Marion y de mi conciencia.
Doy vueltas por los pasillos, demasiado atontada como para recordar como se vuelve al salón. Abro un par de puertas, encontrándome con dormitorios vacíos en los que parece que nadie a puesto jamás un pie. No me entretengo en cotillear a pesar de mis casi irrefrenables ganas. Jared podría estar buscándome, aunque lo dudo, o venir por aquí y pillarme inspeccionando cada cuarto.
Consigo llegar al salón guiándome por las voces y la música clásica que han puesto para animar más el ambiente y añadirle más clase. En cuanto entro por la puerta Marion me agarra del brazo. Pienso por un instante que lo sabe y el miedo hace que me falte el aire. Noto como me pongo pálida. Pero es imposible que se haya enterado tan rápido.
Miro hacia la puerta con ansiedad, esperando ver aparecer a Jared. Pero no lo hace. ¿Dónde estará?¿Se habrá quedado en la biblioteca, se habrá ido?¿Estará pensando en lo que ha ocurrido?
Debí haberme fiado de mi tía. Su mala reputación tiene una razón, incluso él me lo advirtió. Tan solo me está utilizando para aliviar los baches de su relación. Pero ha sido mi tía la que me ha empujado directa a él al pedirle que me enseñe la biblioteca. ¿Cómo se le ocurre pedirle que me lleve a un sitio donde íbamos a estar solos?
-¿Ivy?¿Me estás escuchando?-me giro hacia ella con un sobresalto, intentando aparentar normalidad-¿Has estado alguna vez en los Hamptons?-me pregunta. Yo niego con la cabeza. Noto como me arde la cara y el rojo baña mis mejillas, teñidas por la culpabilidad y la vergüenza. Mi cara está adquiriendo diferentes colores demasiado rápido, eso no puede ser bueno.-Me han dejado la casa libre dentro de dos fines de semana. Una preciosa casa frente a una playa privada. ¿Puedes imaginarlo? Tú, Jared, Mike, Ella, Richard y yo... Playa, cervezas y hogueras de noche-me habla como si lo estuviese viendo delante de sus ojos. Está tan entusiasmada que su voz ha subido una octava.
-¿Quienes son Mike, Richard y Ella?
-Unos amigos muy queridos-dice sin darle importancia.
Me agarra de la mano y me arrastra a la mesa de las bebidas con un entusiasta "esto hay que celebrarlo con una copa".
Me pregunto si Marion tendrá problemas con el alcohol. Sería lo que le faltaba, suficientes problemas tiene con su novio... Y todo por mi culpa.
Intento no pensar más en ello y sonreir mientras brindamos con un vaso de wishky de malta. Me bebo de un trago mi vaso, arrugando el ceño al sentir mi garganta arder por el alcohol. Mientras Marion ríe, no puedo evitar verla como César, poderosa e imparable, diciéndome "¿tú también, Bruto?"
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