La limusina para delante de un gran edificio de piedra. El chófer viene a abrirnos la puerta y sale primero Jared, que me tiende la mano con caballerosidad para ayudarme a salir. Marion se ha quedado dormida durante el viaje y Jared tiene que sacarla en volandas por el otro lado del coche.
-¿Dónde estamos?-le pregunto cuando cierra la puerta.
-En mi casa.
No se para y sigue caminando con Marion colgada de su hombro como un ligero trapo. Yo le sigo, preguntándome cómo volveré luego a casa. Voy dando pequeños saltitos detrás de él, terriblemente interesada por qué esconderá en su casa. Marion se bambolea a la espalda de Jared sin despertarse siquiera un momento para quejarse.
El vestíbulo está vacío, solo con un portero en la puerta vestido con traje. Cruzamos el vestíbulo con nuestros pasos resonando por toda la habitación. Cojemos el ascensor y subimos en silencio hasta el trigésimo piso. Solo hay una puerta de ébano, que Jared abre con cuidado. Desde fuera puedo ver un amplio recibidor con el suelo de mármol blanco y un gran espejo con el marco marrón lleno de finos detalles. Me indica que pase y me conduce hasta un amplio cuarto sin ninguna decoración que marque posesión, por lo que debe ser el cuarto de los invitados. Una de las paredes es un amplio ventanal que deja ver toda la ciudad iluminada en la noche.
Mientras él tiende a Marion con cuidado en la cama y le quita los tacones yo me quedo mirando las luces que adornan toda la ciudad. Los coches se ven como pequeñas luciérnagas que se mueven por el asfalto con rápidez y los edificios parecen brillantes dedos alzados en un vano intento de rozar el cielo.-Impresionante, ¿verdad?-me dice al final. Pero me mira a mí. Yo compongo una media sonrisa y asiento, repentinamente violenta. Jared está increíble con el pelo despeinado y la corbata deshecha. Parece sacado de una película antigua, esas con aquellos hombres tan elegantes y atractivos, con esa belleza incapaz de ser ignorada.
Me giro de espaldas a la ciudad y miro como Marion duerme pacíficamente.
-¿De dónde eres?-le pregunto al final. Él abre la boca para contestarme, pero en ese momento su móvil empieza a sonar. Saca su blackberry del bolsillo de la chaqueta y se la lleva a la oreja.
-¿Sí?-le oigo decir. Luego vuelve su mirada hacia mí y sonríe.-Sí, está aquí conmigo.-Debe ser tía Mellyn, que estará preocupada por mi repentina desaparición.-Ahora la mando para allá, adiós-dice por último y cuelga.
-Tía Mellyn debe estar preocupada-digo andando deprisa hacia la salida.
-Sí, sobre todo porque estés en mi compañía-dice con tranquilidad cuando llego a la puerta. Antes de abrirla me giro para mirarle de frente.
-¿A qué te refieres?
-Mi reputación no es precisamente intachable, ¿sabes?-me contesta abriéndome la puerta.-Y tu tía lo sabe muy bien. Ninguna persona de Nueva York estaría tranquila si supiese que un familiar suyo está conmigo… a solas-acaba, acercándose a mí.
-Mi tía confía en mí-alzo la barbilla. ¿Acaso cree que puedo caer tan fácilmente? Se va a enterar de lo diferentes que somos las mujeres fuera de Nueva York.
-Puede, pero de mí no.-Abre la boca en una sonrisa diabólica y se acerca más. Yo doy un paso hacia atrás y salgo de su casa todavía mirándole a los ojos.- Y tú tampoco deberías.
Con esas palabras me cierra la puerta en las narices, dejándome con cara de idiota.





