-Te pasaré a recoger a las dos, ¿de acuerdo?-me dice tía Mellyn con amabilidad.
Yo me quedo diez segundos más en el coche mirándome las rodillas, mientras me abrazo a los libros y respiro hondo tres veces.
-No tienes que preocuparte por nada, todos te adorarán-me sonríe, apretándome el brazo para infundirme ánimos. Yo la sonrío, pero me sale una mueca horrible. Mi primer instinto es agarrarme a su brazo y llorar, suplicando que me lleve otra vez a casa, pero no lo hago. Comprendo que tengo que ser valiente y no darme por vencida antes de nada.
Salgo del coche y cierro la puerta con fingida decisión. Un par de chicas pasan a mi lado y me miran de arriba abajo, girándose de nuevo al frente con indiferencia. Me siento tan idiota. Si al menos no tuviese que llevar este ridículo uniforme. Camino hacia allí con paso lento, sin prisa por llegar. Me cruzo con un grupo de chicos vestidos de uniforme que se fuman un cigarrillo antes de entrar a las clases. Todos me miran al pasar y yo me niego a girar la cabeza y mirarles directamente a la cara.
Llego a la puerta del Steven's High School y me paro. Veo a la gente caminar de un lado a otro, siempre acompañados. Fácilmente distingo el prototipo de chica del Instituto, son todas iguales. Rubias, con el pelo lacio y los ojos azules. Altas, delgadas y seguramente con más de un retoque mediante cirujía plástica.
Definitivamente no voy a encajar en este sitio. Con mi metro sesenta y seis de fina complexión, mi pelo negro azabache con tirabuzones que comienzan a la altura de la cintura, y mis ojos verdes, no encajo con el modelo del Steven's High School.
Doy un paso y ya no me permito parar. Sigo todo recto hasta la taquilla 275, la cual se supone que será mía durante todo el año. La abro con la combinación que tengo apuntada en una hoja y meto todos los libros dentro, excepto el de Historia, que es el de mi primera clase.
-¿Nueva?-oigo una voz femenina detrás de la puerta de mi taquilla abierta. La cierro para poder ver quien me habla.
Uno de los prototipos del Instituto me sonríe con amabilidad, guardando los libros en la taquilla vecina. Tengo que mirar un poco hacia arriba, para poder verla la cara.
-Sí-la contesto un poco incómoda.
-Te va a gustar el colegio- dice echando a andar con un libro en la mano e indicándome que la siga. Me gustaría contradecirla, pero no me apetece empezar a crearme enemigos ya desde el primer día.
-Sí, no pinta mal-la miento.
-Y que no te engañen las apariencias, no somos tan snobs como parecemos-suelta una carcajada.-¿Qué clase tienes?
-Historia-la enseño mi libro. Una llamita de esperanza prende en mí, pensando que vendrá a mi clase y así habrá alguien amable que me apoye. Pero para mi gran desilusión chasquea la lengua decepcionada y me enseña el libro que tiene en la mano: Arte.
El timbre suena justo en ese momento y me dirijo a mi aula arrastrando los pies. Cuando entro todo el mundo está hablando. Algunos sentados encima de los pupitres con comodidad, otros de pie y otros en el suelo. Yo me dirijo a un pupitre al fondo del todo de la clase, intentando pasar desapercibida. Pero noto como me miran y me fichan rápidamente como la nueva. Los menos disimulados incluso se atreven a señalarme con lo que ellos piensan que es discreción, haciéndome sentir incómoda.
Cuando el profesor aparece todos se sientan en su sitio con tranquilidad. Me doy cuenta de que hablan al profesor como si fuese su amigo, sin respeto alguno. Supongo que eso es lo que sucede cuando eres tan rico que un cheque de papá lo arregla todo.
Por suerte no me hacen salir a presentarme y todos los profesores me tratan como si llevase toda la vida allí. Con los alumnos no sucede lo mismo. Me miran con curiosidad, como si fuese el nuevo juguete del Instituto.
Más o menos en todas las clases sucede lo mismo, excepto en Literatura a tercera hora, en la que coincido con mi vecina de taquilla.
Por fin suena el timbre final a las dos y yo salgo prácticamente corriendo al coche de mi tia, que me espera donde me ha dejado esta mañana.
-¿Qué tal ha ido el día?-me pregunta mientras nos ponemos en marcha.
-No demasiado mal-la contesto, observando con alivio como dejamos atrás el Steven's High School.
-Bien, porque todavía no ha acabado-dice con una sonrisa misteriosa, con el tono de alguien que tiene preparada una sorpresa.
Y a mí, como ya he dicho, no me gustan las sorpresas.
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