miércoles, 26 de octubre de 2011

Capítulo 5.

Me muevo entre la gente como en un sueño. Esta fiesta no tiene nada que ver con aquellas a las que solía ir en mi ciudad. Aquí los menores beben champán delante de sus padres, que les ofrecen también otras bebidas con alcohol. Nadie se desmadra, nadie vomita en la alfombra, nadie baila y nadie grita. Todo es elegante, tenue, sin escándalos. No tienes que clavar los codos para abrirte paso ni apartarte del camino de borrachos en camino del coma etílico.
Llego por fin a donde está mi tía, en el mismo sitio donde la dejé. Está hablando con una anciana de moño canoso tirante y vestido holgado negro, que me mira con unos ojillos negros de águila.
-Tía Mellyn, ¿me buscabas?
-Ivy, cielo, te presento a la señora Vonmahiar. Es la directora de una cadena de lujosos hoteles en Oriente, que acojen a todo tipo de celebridades.
La señora Vonmahiar me tiende la mano, mientras me dice "encantada de conocerte" con un suave acento francés. Me estudia con disimulo, de la misma manera que todos lo hacen. Debe ser algo que te enseñan a hacer desde pequeño en este lugar. Yo sonrío e intento fingir que no me encuentro incómoda.
Marion.
La señora Vonmahiar y tía Mellyn continúan hablando sobre su inmensamente placentera estancia en Japón en uno de sus hoteles, y yo empiezo a alejarme lentamente. Llego a la mesa de las bebidas y me sirvo un vaso de agua que desentona entre los vasos de bebidas alcohólicas y a la vez sumamente elegantes, que sostienen la mayoría de los invitado.
No se me va de la cabeza el hecho de que Marion y Jared estén saliendo. En cierto modo tiene sentido, los dos parecen sacados de una revista. Marion, con su pelo largo dorado y sus inmensos ojos azules, y Jared, con sus aires de grandeza, como si poseyese un título nobiliario de un importante país europeo. ¿Y yo qué pinto ahí en medio? Con mi carencia de acento esnob, mis aires de Los Ángeles y mi ridícula estatura.
Por un momento me dan ganas de coger una botella de cualquier cosa que pueda adormecer aunque solo sea un poco mi cerebro. Pero al tocar la botella una imagen aparece en mi cabeza con desoladora claridad: veo como caemos por el barranco y como el coche choca contra nosotros. Noto un terrible dolor en el codo derecho como una advertencia, y suelto la botella corriendo como si quemase.
-No es veneno-oigo una voz a mi lado. Me giro para ver a Marion, que me sonríe sin malas intenciones. Yo sonrío a mi vez y me ruborizo por la vergüenza, sin ganas de explicar lo que sucedió.
-Lo sé-digo solamente. Luego veo quién está a su lado, agarrándola de la cintura con desgana, como si solo fuese un formalismo de cara al público.
-Entonces, ¿quieres una copa?-me pregunta Marion. Yo vuelvo a mirarla a ella, esperando que no se dé cuenta de que estaba observando a su novio.
-No-digo rápidamente.-No, gracias.
-Pues yo la necesito-la oigo decir en un susurro. Se aleja del abrazo de Jared, que deja caer el brazo sin inmutarse. Veo como la mira mientras se aleja y deduzco que están pasando por una pequeña crisis. Me pregunto por un momento si es por mi culpa, pero luego me tacho de egocéntrica y aparto esa idea de mi mente. Observo como Marion se sirve un vaso de caro whisky y se lo bebe de un trago. Vuelve a hacer lo mismo tres veces, hasta que a la cuarta Jared la agarra de la mano con fuerza.
-Basta, Marion-la dice con suavidad pero sin admitir ninguna réplica.
-Es solo una copa-replica Marion. En su voz se detecta ya cierta ebriedad.
-No, es la cuarta copa-la corrige él.-¿Quieres acabar montando el numerito de borracha delante de todo el mundo? Los dos sabemos como te pones cuando te tomas más de tres copas.
-¿Qué importa?-dice Marion intentando zafarse de su mano.-Debería darte igual como te da igual toda mi vida.
De repente siento que sobro ahí. Es una discusión de pareja y yo solo soy el tercer vértice del triángulo.
-No es momento para discutir esto, Marion.
-¿Por qué no?-empieza a levantar la voz.-¡Si no me quieres dímelo ya!
Varios grupos de personas se giran para mirar a la indecente que está montando el numerito. Me doy cuenta de que está chillando e intento calmarla.
-Marion, ¿por qué no vamos a beber agua?-la intento agarrar de la otra mano, pero la aparta.
-No, vamos a discutir esto ahora.
Jared la suelta la mano y suspira. Se coloca detrás de ella y la agarra de los brazos, estrechándoselos contra el cuerpo. Me hace un gesto para indicarme que le siga y se dirije a la salida. Yo corro detrás de ellos y salgo por la puerta.

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