Una música suave sonaba de fondo en el interior del coche. Alguna canción country de los sesenta con una voz ronca acompañada de una sola guitarra de fondo. Mi padre seguía el ritmo distraídamente, golpeando el volante con las yemas de los dedos. Mi madre la tarareaba en el asiento del copiloto con una sonrisa y los ojos cerrados. Iba tapada con un chal a pesar de que estábamos en pleno agosto y hacía un calor insoportable. Mi hermana iba mirando por la ventana pero sin ver realmente nada. Por su reflejo pude ver que se estaba tocando su corto pelo, como siempre que estaba pensando en algo que la preocupaba.
Una luz que no provenía del coche apareció de repente de la nada. No le di importancia, creyendo que era una farola. Sin embargo, parecían los faros de otro coche. Pero eso era imposible, porque entonces significaría que venía en dirección contraria, directo hacia nosotros.
No pude gritar a tiempo. Mi padre dió un volantazo hacia la derecha con brusquedad y caímos dos metros más abajo con un fuerte golpe y un sonido sordo nada alentador. Por el brusco volantazo el coche se vió impulsado a un lado, dando tres violentos giros de campana en el aire. Caímos sobre el abollado techo del coche y las luces titilaron, quedándose finalmente encendidas.Todo fue demasiado rápido. No vi mi vida pasar a cámara lenta como dicen en las películas, ni pude ver casi nada de lo que sucedía en realidad. Solo noté los bandazos y los duros golpes, y un agudo chillido taladrándome los oídos. Cerré la boca y el sonido cesó de pronto.
Otra vez la misma pesadilla. Desde hace meses se repite una y otra vez en mis sueños, haciéndome revivir cada 24 horas la angustia que sufrí ese día.
Sucedió hace ya un mes, pero las secuelas físicas y psicológicas no me lo dejan olvidar. Sigo recordando la historia, reviviendo cada detalle de esa terrible noche.
No recuerdo como llegué al hospital, pero me encontré varias horas después tumbada en una camilla con una doctora examinando todas las heridas. Me hicieron varias pruebas y la conclusión fue bastante mejor de lo que esperaba. Contusiones en el codo derecho y en la rodilla izquierda y varias heridas y hematomas sin importancia repartidos por todo el cuerpo. Tendría que ir a rehabilitación varias veces por semana y no podría hacer deporte en varios meses.
La policía nos explicó lo ocurrido. Un borracho se había cruzado en nuestro camino en dirección contraria. Le detuvieron media hora después en una carretera cercana a donde se produjo el accidente.Llegó Septiembre y el shok que había sufrido se hizo notar. Mis padres empezaron a preocuparse y se temieron que jamás superase una experiencia tan cercana a la muerte. Al final decidieron, con ayuda de mi psicóloga, que un cambio de aires me vendría bien.
Y aquí estoy. Ahora vivo con mi tia en un precioso apartamento de Nueva York. Las ciudades grandes nunca me han gustado. Demasiada gente, demasiado ruido. Antes vivía en una pequeña ciudad de California, un poco más al Norte de los Ángeles. Acostumbrada al mar y al calor, mudarme a la otra costa del continente supuso un gran cambio en mi vida.En la Gran Manzana todo se desarrolla con rapidez, crece por minutos, gira a toda velocidad. El tiempo cuesta dinero y la lentitud no está bien vista. Todo es más grande, más lujoso y más elegante que en mi ciudad. La gente es más fría, no tan amable, no conoces siquiera a tus vecinos o a tus compañeros.
Sin embargo, a veces lo encuentro incluso fascinante. Mi tia dice que es porque tengo alma de artista, como mi abuela. La única diferencia es que ella pintaba y yo fotografío. En eso me parezco a Nueva York: en el avance, la tecnología y la rapidez.Nunca me han gustado los cambios y ahora debo acostumbrarme. Esta es la Ciudad Cambiante. Las tradiciones no existen y todo es nuevo. Quizá debería asumirlo con más entusiasmo y pensar que es una nueva experiencia. Sin embargo, todo el mundo sabe que lo nuevo es desconocido, y a mí no me gustan las sorpresas.
Pero estoy aquí, y eso significa que tengo que aprender a vivir en la Jungla de Asfalto. Sobre todo porque mañana parto directa al corazón de la selva.
Mañana es mi primer día de Instituto.
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