viernes, 27 de abril de 2012

Capítulo 12.

Me acerco a ellos con lentitud, dudando. Realmente no quiero acercarme a Jared, no quiero que se mueva y su olor me impregne, no quiero que dibuje esa bonita media sonrisa, no quiero que me mire con esos dos pedazos de cielo, no quiero ver su boca y morir de deseos por tocarla aunque sea una sola vez.
Tiemblo un momento cuando llegan a mi lado y Jared me observa detenidamente.
-¿Ves? Te dije que era un acierto-dice Marion dando una suave palmada. Ella lleva el vestido rojo que se compró ayer, adornado con un collar en cascada negro de Swarovsky. Jared lleva las manos en el bolsillo de su esmoquin con despreocupación. Están radiantes. Pienso de nuevo que ahí, los dos juntos, parecen la portada de una revista para gente rica. Pero, como todo el mundo sabe, esas portadas están llenas de photoshop y pura fachada.
A partir de ahí la fiesta transcurre como toda reunión en el Upper East Side: sin sobresaltos, con cotilleos y chismes que probablemente ni siquiera sean ciertos, y conversaciones soporíferas. Un par de copas para que se te haga más llevadera la reunión y una cena abundante en la que las mujeres se controlan para no estropear su perfecto tipo, aunque ¿a quién le importa? Si ganan unos centímetros siempre pueden permitirse una liposucción que lo arregle.
Después de la cena volvemos al salón, donde las conversaciones siguen, un poco más animadas y las copas vuelven a desfilar. Algunas personas se despiden, cogen su chal de seda india o sus abrigos de pieles y salen por la puerta. Otras nuevas llegan, se lamentan de haberse perdido la cena y se integran en una conversación con una copa de champán.
Pero todo cambia alrededor de las doce. Quizá sea porque es la hora mágica, porque es cuando la fiesta llega a su punto álgido o porque el destino así lo quiere; pero los acontecimientos sufren un cambio radical. Tan radical, que casi pierdo la cabeza.
Estoy sentada en el sofá, hablando con Marion y Jared,  cuando ella se disculpa y se va al servicio. Jared y yo seguimos hablando sobre el mismo tema: la Universidad. Él tiene muy claro que quiere ir a Harvard y quiere ser un hombre de negocios. Estoy convencida de que con esa seguridad y ese fuerte carisma nada le impedirá labrarse un brillante futuro. Yo, sin embargo, no tengo claro donde quiero estudiar, y así se lo digo. Nueva York es una tentativa muy fuerte, esta ciudad está incluso empezando a gustarme. Pero no podría separarme de mi querida ciudad. A lo mejor hasta voy a UCLA.
Entonces aparece mi tía de la nada para pedirle a Jared que me enseñe la gran biblioteca, asegurando que me volverá loca.
Y eso hace Jared. Me conduce a través del salón y por un largo corredor, hasta llegar a un gran cuarto con altas estanterías repletas de libros. Libros de poesía, de historia, de aventuras, de romances... Paso la mano por los tomos de una balda y me quedo extasiada contemplándolos. Una sonrisa se dibuja en mi cara al ver títulos conocidos: Orgullo y Prejuicio, Lo que el viento se llevó, La señora de Mellyn. Alcanzo a ver en la tercera blada por encima de mi cabeza un título más que conocido: Sherlock Holmes.
Lo saco del estante y me pongo a hojearlo mientras las palabras vienen a mi cabeza antes de leerlas, aprendidas ya de memoria.
-¿Sherlock Holmes?-me pregunta Jared sonriendo.
-Por supuesto. ¿Lo has leído?
-Cientos de veces.-Le miro a los ojos mientras me habla.
Vuelvo a dejarlo en su estantería y sigo paseando entre los libros seguida por él. Huele bien, a madera y a páginas viejas y manoseadas, a frenéticos dedos que pasan de una página a otra con rapidez según va creciendo la intriga que encierran esos libros, a mentes despiertas.
-Jamás te hubiese creído aficionado a la lectura-le confieso.
-No es mi única afición.
-¿Cuál es la otra?-digo parando y girándome para mirarle.
-Besar a cierta chica de los Ángeles.
Y, sin más, me agarra de la cintura y me atrae hacia él.

Capítulo 15.

-Esta es la última maleta-concluye Richard con una palmada.
Es un chico sonriente y amable, al contrario que Mike, que se mantiene en una esquina callado y taciturno con los brazos cruzados en actitud defensiva. Ella está a su lado, otro prototipo de chica del instituto, haciéndole compañía sin decir nada. Con sus tacones rosas y su pañuelo blanco en la cabeza me recuerda a una versión seca y fría de Marion. Me mira de vez en cuando con un leve desagrado, como si no le gustase mi pelo moreno y mi cuerpo menudo. Yo evito establecer contacto visual con ella, para que no me congele con la mirada. 
Marion se da cuenta de mi situación de vulnerabilidad frente a su "querida amiga" y viene corriendo en mi ayuda, agarrándome del brazo y guiándome a un lujoso y elegante Mercedes.
-Richard, Mike, Ella, iréis en el coche de Richard. Jared, Ivy y yo compartiremos el coche de Jared. Sin darles tiempo a contestar me empuja al asiento del copiloto, al lado de Jared que, sentado al volante, me dirije una fría mirada. Vaya, ¿es que no voy a tener una sola mano amiga?
Marion se sienta detrás, satisfecha, y da palmadas en nuestros asientos con alegría. Parece ilusionada, debe habérsele pasado el enfado del otro día. ¿A qué habría venido? ¿Volvían a entrar en una crisis?  Una punzada de alegría me recorre al pensar en ello.
-¡En marcha! ¡Los Hamptons nos esperan!-chilla. Jared enciende el motor sin tanto entusiasmo y arranca con suavidad, seguido por Richard.
Marion se recuesta detrás y cierra los ojos, quedándose dormida casi al instante. Suelta suaves ronquidos y respira pesadamente, parece en gran calma, reposada, tranquila... Jared me mira y abre la boca, como si fuese a decir algo. La cierra rápidamente y sigue con la vista al frente, concentrado en la carretera.
Y entonces no puedo más. Estoy harta de que me ignore, de su frialdad, de que me haya demostrado lo equivocada que estaba al pensar que su reputación era un error.
-¿Ya está?-le susurro con enfado. Él me mira con curiosidad, alzando una ceja.- ¿Eso va a ser todo? ¿Vas a hacer como que nada ocurrió?¿Fui simplemente un desahogo inútil?
Tensa la mandíbula, pero no me mira directamente.
-No lo entiendes-dice. No se molesta en susurrar, habla claramente. Miro a Marion con alarma, temiendo que se haya despertado.
-No te preocupes-dice él siguiendo mi mirada-, podrían lanzar una bomba al lado de su oreja y ni se inmutaría.-Tiene razón, Marion ni se ha movido. Le miro para que continúe con lo que estaba diciendo. Lanza un suspiro cansado, pero sonríe con ironía al decir:-Tengo novia, por si todavía no te has dado cuenta. Una novia con la que llevo ya un año y medio más o menos. Y esta es la primera vez que la engaño-me lanza una breve mirada. Yo me siento culpable.- Puedo tener la peor reputación de Nueva York, pero sigo teniendo conciencia. Y me está siendo difícil acallarla. ¿No puedes entender eso?
Tiene el pelo revuelto y una barba incipiente que le hace parecer descuidado y aún más atractivo. En sus ojoa hay una muda súplica,  como si le estuviese torturando lentamente. Es el mayor signo de emoción que he visto en su rostro desde que le conozco. ¿Y yo he provocado esa emoción? Lo cierto es que esperaba algo totalmente diferente. Algo más... alegre.
-Sí, claro que lo entiendo-le contesto casi sin aliento. Sé que estoy siendo egoísta, pero la voz se me enfría al decir:- Siento si te he causado algún problema o dilema moral. No había nada más lejos de mi intención.
Jared me mira y puedo ver que la súplica es mayor,  pero está más tranquilo, como si le aliviase la distancia que se ha interpuesto entre nosotros. Eso me duele más de lo que quiero admitir.
-Soy yo el que te causará problemas-susurra.
Yo solo puedo desear que sea cierto. Cualquier problema con él sería una tentativa mejor que una vida totalmente tranquila. En sus ojos puedo ver la tormenta que se avecina. Y yo estoy en el mar con mi pequeña barquita. Va a ser un viaje muy entretenido...

Capítulo 14.

Los días pasan más rápidos cuanto menos quiero que llegue la escapada a los Hamptons, o más lentos cuando deseo que llegue, llevándome siempre la contrario y haciéndome estar de un mal humor terrible. Las agujas y el calendario se han puesto de acuerdo para burlarse de mí. En mi interior una batalla de sentimientos contradictorios se desarrolla con furia: temor por volver a ver a Jared, anhelo por pasar tiempo en la playa (Marion me dijo que a pesar de ser octubre las temperaturas previstas eran muy altas), remordimientos por no decirle a Marion lo que sucedió, expectación por volver a hablar con él y aclarar lo ocurrido, confusión al no saber explicar qué había ocurrido...
No sabía si debía aceptar la invitación, así que decidí dejarlo todo en manos de mi tía. La pregunté si debía aceptarla y casi parecía más entusiasmada que yo. ¡Incluso me dio una tarjeta de crédito para comprarme ropa para ir a los Hamptons!
-Ya verás, querida, te lo pasarás en grande. Yo a tu edad también hice una escapada. Las barbacoas de noche son asombrosas, te lo aseguro. Y procura no beber mucho, te lo ruego, las locuras que se hacen pueden acabar en desgracias.
Estuvo parloteando sobre sus aventuras de joven, lo bien que se lo pasaba y todos los pretendientes que tenía. Era divertido oirla reir, parecía que volvía a ser joven, los ojos la brillaban con otra luz, con la luz del pasado...
Pero a pesar de lo divertido que era verla reír, mi cabeza se escapaba a otro lado sin prestar atención. No había hablado con Jared desde su cena. A veces le veo en los pasillos hablando con Marion, pero en cuanto ella se dirige a mí él desaparece sigilosamente, lanzándome una mirada que aún no sé como interpretar. Marion no parece haberse dado cuenta de la repentina frialdad, y si lo ha notado no ha mostrado ninguna señal. Ella continúa hablando conmigo como si tal cosa, planeando el fin de semana y contándome divertidas anécdotas de sus veranos en los Hamptons.
La situación llegó a su punto álgido un miércoles, dos días antes de que nos fuésemos al gran viaje. Jared estaba hablando con Marion cuando llegué a dejar mis libros en la taquilla. Les miré de reojo y pude apreciar por los aspavientos y las muecas de Marion que estaba disgustada por algo y se quejaba. Me entretuve en mi taquilla para esperar a Marion, esa tarde nos íbamos a comprar bikinis. Aproveché además para intentar oir de qué hablaban, aunque no alcancé a oir nada. Jared miraba al suelo con la mirada perdida. No parecía estar escuchándola, daba la sensación de estar muy lejos. Pestañeó y la miró cuando ella le tocó el hombro. Parecía sorprendido,  pero no abrió la boca.
Me pregunté de qué estarían hablando. Me entró pánico de repente al pensar que Jared podría haberlo confesado todo. ¿Qué haría yo entonces? Marion era la única que me dirigía la palabra en el colegio, era mi ventanita de luz en medio de la prisión que esta vida suponía. Y yo me estaba empeñando en tapar esa ventana con una gruesa tela, por el simple hecho de lo mucho que me atraía la oscuridad. Por suerte,  la luz seguía entrando, aunque... ¿Durante cuánto tiempo?
No podía evitar sentirme una traidora, una mala persona. Marion no se merecía lo que había hecho. Aunque, pensándolo bien, yo también soy la víctima. Como mi tía ya me ha advertido, Jared es un jugador de mala reputación. Me engañó, me hizo caer por un precipicio para luego no atraparme. Y puedo empeñarme en que soy inocente, pero no puedo decir que me disguste el subidón de adrenalina de la caída. Es como una droga. Está mal, es adictivo, pero tan atrayente...
-Ivy, ¿estás lista?-me pregunta Marion.
Me he quedado absorta y no me he dado cuenta de que estaba mirando fijamente a Jared, que me devuelve la mirada a dos taquillas de distancia. Rompo el contacto visual para mirar a Marion y puedo ver por el rabillo del ojo como Jared se aleja con la espalda tensa. Quizá no soy la única que se ha quedado pensativa.

Capítulo 13.

Sus labios se pegan a los míos con fuerza y delicadeza a un tiempo. Su mano se apoya en mi espalda, atrayéndome hacia él. Debería apartarme, sentirme culpable y alejarme; pero lo cierto es que no siento nada de eso. No puedo pensar en nada, tan solo en él, en mí, en el beso y en cuánto lo había deseado. Me agarro a su cuello y acaricio el pelo de su nuca, reteniéndolo a mi lado. No quiero que me suelte ni que se aleje, porque en el momento en que lo haga los remordimientos y las dudas me asaltarán. Pero es inevitable, y al final acaba separándose de mí. Me mira a los ojos y yo por un momento no puedo recordar ni donde estamos. Pero por desgracia la amnesia dura solo eso: un momento. Me llevo las manos a la cara, para que no me vea. Noto como me arden las mejillas y como la culpabilidad forma un nudo en mi estómago.
-Oh Dios mio...-susurro. Él me mira, sin verme en realidad. O quizá viéndome más que nunca. Apoya sus dedos en mi mejilla, como si quisiera cerciorarse de que soy real. Yo me aparto con brusquedad, horrorizada al pensar que he traicionado a la única persona que se ha portado de manera amable conmigo en el colegio. ¿Qué hago?¿Me quedo? No, no puedo. ¿Cómo podría mirarme al espejo?
Salgo deprisa de la biblioteca sin mirar atrás, sin girarme para ver a Jared. Si le miro me entrará la tentación de volver, de cerrar la puerta y olvidarme de Marion y de mi conciencia. Doy vueltas por los pasillos, demasiado atontada como para recordar como se vuelve al salón. Abro un par de puertas, encontrándome con dormitorios vacíos en los que parece que nadie a puesto jamás un pie. No me entretengo en cotillear a pesar de mis casi irrefrenables ganas. Jared podría estar buscándome, aunque lo dudo, o venir por aquí y pillarme inspeccionando cada cuarto.
Consigo llegar al salón guiándome por las voces y la música clásica que han puesto para animar más el ambiente y añadirle más clase. En cuanto entro por la puerta Marion me agarra del brazo. Pienso por un instante que lo sabe y el miedo hace que me falte el aire. Noto como me pongo pálida. Pero es imposible que se haya enterado tan rápido. Miro hacia la puerta con ansiedad, esperando ver aparecer a Jared. Pero no lo hace. ¿Dónde estará?¿Se habrá quedado en la biblioteca, se habrá ido?¿Estará pensando en lo que ha ocurrido?  Debí haberme fiado de mi tía. Su mala reputación tiene una razón, incluso él me lo advirtió. Tan solo me está utilizando para aliviar los baches de su relación. Pero ha sido mi tía la que me ha empujado directa a él al pedirle que me enseñe la biblioteca. ¿Cómo se le ocurre pedirle que me lleve a un sitio donde íbamos a estar solos?
-¿Ivy?¿Me estás escuchando?-me giro hacia ella con un sobresalto, intentando aparentar normalidad-¿Has estado alguna vez en los Hamptons?-me pregunta. Yo niego con la cabeza.  Noto como me arde la cara y el rojo baña mis mejillas, teñidas por la culpabilidad y la vergüenza. Mi cara está adquiriendo diferentes colores demasiado rápido, eso no puede ser bueno.-Me han dejado la casa libre dentro de dos fines de semana. Una preciosa casa frente a una playa privada. ¿Puedes imaginarlo? Tú, Jared, Mike, Ella, Richard y yo... Playa, cervezas y hogueras de noche-me habla como si lo estuviese viendo delante de sus ojos. Está tan entusiasmada que su voz ha subido una octava.
-¿Quienes son Mike, Richard y Ella?
-Unos amigos muy queridos-dice sin darle importancia.
Me agarra de la mano y me arrastra a la mesa de las bebidas con un entusiasta "esto hay que celebrarlo con una copa". Me pregunto si Marion tendrá problemas con el alcohol. Sería lo que le faltaba, suficientes problemas tiene con su novio... Y todo por mi culpa. Intento no pensar más en ello y sonreir mientras brindamos con un vaso de wishky de malta. Me bebo de un trago mi vaso, arrugando el ceño al sentir mi garganta arder por el alcohol. Mientras Marion ríe, no puedo evitar verla como César, poderosa e imparable, diciéndome "¿tú también, Bruto?"

jueves, 26 de enero de 2012

Capítulo 11.

-¿Qué te parece este?
Marion aparece con un vestido corto de gasa naranja con una enorme flor en el pecho. Yo niego rápidamente con la cabeza. Pone cara de disgusto en el espejo antes de volverse a meter en el probador para cambiarse.
-¿ Y este?- dice diez minutos después. Lleva un vestido marrón lleno de volantes con el borde amarillo. Vuelvo a negar con la cabeza. Es la tercera tienda en la que entramos y ninguna de las dos tiene todavía vestido.
Aparece de nuevo con un vestido rojo corto que la sienta verdaderamente bien. La resalta los ojos azules, haciendo que parezca una modelo.
Sonrío y ella se da por satisfecha.
-Lo sé, este es el perfecto.
Da un par de vueltas en el espejo y decide comprarse el vestido y unos tacones negros que hay en el escaparate.
-Ahora solo falta tu vestido-concluye Marion. Me agarra de la mano y me lleva directa a una tienda llena de elegantes vestidos. Selecciona por mí cuatro modelos y me empuja al probador. El primero es un vestido verde con demasiados volantes, que hace que parezca un hada. Marion se entusiasma con él, pero yo lo desecho de inmediato. El siguiente es un vestido rosa palo por la rodilla que hace que parezca una embarazada y que no nos convence a ninguna de las dos. Pero el tercero es increíble. Es un vestido negro con la mitad de la espalda al descubierto y dos grandes recortes en los costados un poco más abajo de la cintura. Es largo, con una abertura en un lateral que alcanza casi la cadera. Dos hilos atan el vestido a mi cuello, haciendo mis hombros delicados y esbeltos.
Marion contiene una exclamación y me mira una y otra vez de arriba a abajo con los ojos abiertos de par en par.
-Cómpralo-me ordena.
Yo hago lo que me dice sin planteármelo ni un instante.
Y con ese vestido llego el viernes, acompañada por mi tía, a casa de Jared. Es una tarde lluviosa, los últimos rayos de sol iluminan la ciudad entre las nubes con una luz mortecina. La limusina se para frente al mismo rascacielos en el que estuve hace tan sólo una semana.
El chfer nos coloca un paraguas negro sobre nuestras cabezas cuando salimos del coche y nos acompañan hasta la entrada del edificio. Entramos en el ascensor y subimos a la trigésima planta. La puerta de ébano ahora está abierta, dejando ver a un grupo de gente en el recibidor. El mayordomo nos espera en la puerta para recoger nuestros abrigos.
Diviso el salón lleno de gente más allá del recibidor y me dirijo a él. Al fondo de él, de pie, están Jared y Marion hablando entre ellos. Cuando entro los dos se giran hacia mí, con mudas expresiones de asombro y admiración. Jared me recorre con la mirada de pies a cabeza con lentitud y Marion me sonríe cogida de su brazo, con satisfacción de su obra.
Un cosquilleo se asienta en mi estómago un instante, advirtiéndome de que jamás olvidaré esta noche.

Capítulo 10.

La semana transcurre sin apenas novedades. Coincido todos los días en alguna clase con Jared, pero solo estamos los tres juntos en dos de ellas. No sé si considerarlo una suerte o una desgracia. No vuelvo a hablar con él hasta el jueves, en clase de Francés, cuando me dice:
-¿Qué haces mañana?
-Nada-digo muy a mi pesar. Me encantaría decirle que he quedado con alguien, o que tengo un plan interesantísimo, pero sería mentir.
-Perfecto-sonríe.- Mi madre organiza una cena y tu tía Mellyn y tú estáis invitadas.
Después de eso nos quedamos callados. Ninguno sabe realmente qué decir después de todo. Quizá esté jugando conmigo como hace con todas pero, ¿por qué? ¿De verdad tengo que creerme que tenga mala reputación? A lo mejor debería esperar a verlo con mis propios ojos.
La profesora sigue escribiendo en la pizarra un montón de frases en francés, que yo copio con esmerada letra en el cuaderno. Él no mueve un dedo, pero cuando la profesora le pregunta algo en francés él contesta con un impecable y sexy acento. Pasa un buen rato hasta que por fin me decido a hablarle.
-Jared...-le llamo. Él se gira hacia mí con curiosidad y me doy cuenta de que es la primera vez que pronuncio su nombre en voz alta. Un escalofrío me recorre, haciendo sonar su nombre incluso más excitante. Entonces caigo en que él sigue mirándome a la espera de que diga algo y yo solo estoy mirándole a esos dos lagos de su cara como una tonta. Sacudo levemente la cabeza para concentrarme y le pregunto:- ¿A qué te referías el otro día?-Pestañea esperando a que me explique.-Me aseguraste que solo eran rumores, pero luego me dijiste que tenían su fundamento.
Un asomo de sonrisa aparece en sus labios. Juguetea un rato con el boli antes de contestarme. Se gira hacia mí en la silla y se inclina. Yo agacho levemente la cabeza, hasta que nuestras caras están a tan solo quince centímetros de diferencia. Aún así me sigue pareciendo mucho y me invade la tentación de acabar con esa maldita distancia que nos separa. Por suerte me controlo, aunque a duras penas.
-Dijiste que yo era un jugador, y eso no lo puedo negar. No me gustan las relaciones, o quizá es sólo que normalmente no me gusta la chica con la que comparto la relación-me confiesa.
-¿Te refieres a que Marion no te gusta?-le pregunto confusa.
-No, no es eso.-Abre la boca para continuar con la explicación, pero el timbre suena y todo el mundo se levanta, haciendo ruido. Cierra la boca y me mira una última vez antes de agarrar sus cosas y salir por la puerta.
Suspiro con cansancio. Cada vez que intento saber más sobre él acabo más confundida. Este chico es una contradicción en sí mismo y mi vida no necesita complicaciones. Debo olvidarme de él y centrarme en los estudios, en mi futuro o en cualquier otra cosa.
Salgo de la clase y voy a mi taquilla. Estoy yendo hacia ella cuando un entretenido espectáculo aparece ante mis ojos: Jared tiene a Marion contra las taquillas y la besa como si le fuese la vida en ello. Marion le abraza como si fuese un oasis en medio del desierto, con alegría y esperanza.
Yo abro mi taquilla sin tener ni un mínimo de cuidado por no interrumpirles, tirando todos los libros dentro sin cuidado. Quizá con un poco de amargura puesta en mis acciones, sabiendo lo inalcanzable que es Jared y lo ilusa que he sido.
Cierro la puerta de un golpe, provocando que se separen y se giren hacia mí.
-¡Ivy!-dice Marion con alegría. Parece de muy buen humor a pesar de mi interrupción.-¿Qué tal te ha ido el día?
Sigue agarrada a Jared, que me mira con curiosidad y un rastro de burla, pegado también todavía a ella. Parece que me reta a que le diga algo. Yo le miro a los ojos y soy incapaz de sostenerle la mirada.
-Bien, no ha estado mal-contesto, fingiendo una media sonrisa, sin ganas de sonreir de verdad.
Marion se separa de Jared, que se apoya con despreocupación en la taquilla de Marion, mirándome divertido y sin disimulo.
-¿Tienes algo que hacer esta tarde? Había pensado irme a comprar un vestido para la cena de mañana de Jared, ¿por qué no me acompañas?
-Claro-digo sin pensar.
-¡Estupendo! Pasaré a recogerte a las cinco. Vamos, cariño.
Jared me lanza una última mirada al pasar por mi lado. Pasa cerca, tan cerca que puedo olerle y sentir que me mareo de gusto. ¿Qué me pasa?

Capítulo 9.

-¿Cómo estás?-le pregunto a Marion cuando abre la taquilla contigua a la mía. Ya es lunes y toca volver al Instituto después del interminable fin de semana que he pasado, preguntándome qué habría sucedido.
-Umm...-asiente con un murmuro. Lleva unas gafas de sol Ray-Ban negras que la deben haber costado más de cien dólares. Cierra la taquilla y me mira:-¿Cómo estás tú?
Echa a andar por el pasillo y me coloco a su lado, encogiéndome de hombros.
-Bien.
-Jared me contó que le ayudaste a llevarme a su casa. Gracias.
Me sonríe dejando ver unos dientes blancos y perfectamente colocados. Yo hago un gesto con la mano, queriendo decir que no las merece. Soy incapaz de mirarla a los ojos, pensando en lo mala persona que he sido al desear a su novio. Es obvio que no solo no han cortado, sino que han superado la crisis sin ningún problema.
Voy mirando al suelo con los remordimientos devorando mi conciencia, cuando oigo una voz que me resulta terriblemente conocida. Alzo la cabeza intuyendo quién es el dueño de ese timbre, temiendo y deseando a la vez no estar equivocada.
-Hola-contesta Marion a Jared con una sonrisa, dándole un abrazo. Jared me mira a los ojos por encima del hombro de su novia y yo aparto la vista.-¿Qué tienes ahora?
-Matemáticas-dice mirando su horario.
Yo abro mucho los ojos, temiendo lo que ocurre. Marion pone en palabras mi temor diciendo:
-¡Vaya, igual que nosotras!
-¿Ah, sí?-dice Jared alzando una ceja y mirándome insinuando algo. Noto como los colores suben a mi cara y maldigo mi suerte.
Nos volvemos a poner en camino hasta llegar a clase. Me dirijo a la última fila y elijo un pupitre. Marion y Jared vienen justo detrás de mí, para sentarse él a mi derecha con ella colocada al mismo lado. Yo inmediatamente me tenso en mi asiento ante la mirada socarrona que me dirije sin el menor disimulo.
Por suerte, la profesora llega en ese momento, cortándole el paso a un silencio incómodo. Coge una tiza y se pone a escribir interminables problemas en la pizarra. Lo apunto todo en mi cuaderno sin entender nada. No hablo en ningún momento con nadie, por miedo a iniciar una conversación con Jared.
-Veo que ya te han advertido sobre mí-me susurra Jared hacia el final de la clase. Está recostado en su silla en actitud relajada sin escribir nada, como si esa clase no fuese para él.
Yo paro de escribir, abstraída totalmente por él. Sin embargo, permanezco callada.
-Tengo curiosidad-dice mirando hacia el frente, con un rastro de burla en los ojos.- ¿Qué te han dicho?-Yo sigo sin contestar.- Déjame que lo adivine... ¿que frecuento clubs de alterne?¿Que soy un corredor de apuestas?¿Que estoy en libertad condicional?
-Nada de eso-digo de repente. Parece que se ríe, que más que pesarle los tontos rumores le divierten.
-Entonces, ¿qué?
-Eres un jugador-digo solamente.
-Vaya, creo que es lo más bonito que me han dicho nunca...-ironiza.
-¿No te importa?
Mira al frente con una sonrisa y se encoge de hombros. Juega con el lápiz pasándoselo distraídamente entre los dedos con maestría.
-El año pasado organicé un concurso para ver qué rumor sobre mí ganaba el premio al más ingenioso-dice divertido.-Ganó uno que contaba que yo dirigía un club privado de alterne en Washington solo para hombres políticos.
Admiro el valor que tiene para tomarse esas mentiras como una broma.
-Este colegio es la mayor fuente de rumores de todo el país. Ten cuidado con lo que hablas y con quien lo hablas, o podrías acabar con una reputación parecida a la mía.
El timbre suena y nos saca de nuestro mundo privado. Pestañeo y guardo mis cosas, cuando él ya se ha puesto en pie.
-Aunque es posible que los rumores tuviesen su fundamento.
Después de susurrarme eso al pasar por mi lado, sale de la clase. Y yo me quedo ahí, con los libros pegados al pecho, mirando como se va.